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Un elenco sin fisuras, una banda de sonido perfecta y un guión que revitaliza el género del policial negro, ¿qué más se puede pedir? Baby es chofer de escape para robos que necesitan de un conductor virtuoso. El cerebro de esos golpes, interpretado por Kevin Spacey, tiene a Baby atrapado con algún chachullo -que se revelará al final- pero cuando empieza la película la cuestión está por ser saldada. Por supuesto que no es del todo cierto y Baby, a pesar de que sueña con tomar la carretera y escapar, está obligado a participar de un golpe más. Y todo se complica.

Ansel Elgort es Baby, el desconcertante chofer que está saliendo la adolescencia y que no se separa de sus auriculares a los que vive conectado y todo, pero todo tendrá su explicación a lo largo de la historia. De los miembros de la banda hay que resaltar las actuaciones de Jamie Fox y Jon Hamm, el segundo interpreta a un verdadero psicópata, bien lejos del personaje de Dond Drapper de Made men que lo hizo famoso.

Hay que celebrar que Baby: El aprendiz del crimen haya llegado a la pantalla grande, Edgar Wright es un director visto en todos lados como uno de los grandes creadores del momento, pero en el mercado local sus películas nunca habían logrado estrenarse en cine y para decirlo de alguna manera, siempre pasaban por un circuito alternativo.

En una cartelera copada por películas familiares o para chicos, Baby llega como una opción de cine novedoso, con algún rasgo clásico. Una sorpresa que no habría que dejar pasar.

BABY: EL APRENDIZ DEL CRIMEN
Baby Driver. Estados Unido/Reino Unido, 2017.
Guión y dirección: Edgar Wright. Intérpretes: Ansel Elgort, Kevin Spacey, Lily James, Jon Hamm, Jamie Foxx, Jon Bernthal y Eiza González. Fotografía: Bill Pope. Música: Steven Price. Edición: Jonathan Amos y Paul Machliss. Duración: 112 minutos.

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