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La segunda película de Luchessi quien ya había dirigido la muy interesante Ciencias Naturales es un relato minimalista que elige trabajar la contraposición entre espacios cerrados – ese adentro de ese velero, ese cuerpo enfermo- y el espacio abierto del río con sus reveses. Entre esos lugares se mueve el protagonista que al comienzo de la película, en un solo plano, cifra todo el contenido; sentado en un sillón de espaldas a la cámara en una habitación un tanto oscura y tenebrosa. Un hombre de espaldas a la mirada de todos, casi de espaldas a la vida, frente a una ventana entrecerrada. Sabremos a los pocos minutos que está enfermo y que emprenderá un viaje que de tan terminal se vuelve iniciático, una mujer se cruza en su camino y lo desestabiliza; se desestabilizan. Esa mujer, que también huye de una situación complicada, es Pilar Gamboa, una de las grandes actrices actuales. Los dos, el hombre y la mujer se cruzan, se atraviesan uno a otro. Vienen de lugares diferentes, van a lugares diferentes, pero ese cruce de miradas, de calladas experiencias, de silencios compartidos los hará de nuevo libres.

La puesta en escena de Luchessi es concentrada, su eje es el espacio y sus personajes se mueven en él con dificultad, como se mueven en la vida. El río no es tan abierto ni tan pacifico como es habitual, esos personajes superan los vientos de El pampero, el encallamiento de un barco que les corta el paso, una tormenta. El velero, en su interior profundo, no es cómodo, se mueven con dificultad, es pequeño y ahí reside una de las hazañas del director; filmar el movimiento contraído en ese espacio reducido.

Las actuaciones son más que interesantes, Julio Chávez se remonta a ese personaje árido, silencioso, endurecido que hiciera en el cine con El custodio de Rodrigo Moreno o Un oso rojo de Caetano entre otras. Pilar Gamboa se remonta a esconder una verdad acerca de haber o no cometido un asesinato, su llanto es certero, su mirada perfecta, sus gestos secretos. También ese tercer personaje que se cruza en el camino de los protagonistas, César Troncoso, se adecúa al dúo con tensa comodidad.

El Pampero es una película de soledades, de rispideces, de secretos no dichos, parca y a la vez vital. Y sus planos respiran, dicen y expresan más que los parlamentos de los actores: toda una apuesta a las connotaciones visuales más que a las palabras (tal vez esta sea una tendencia marcada del cine argentino contemporáneo). Con una fotografía excepcional a cargo de Guillermo Nieto, las elipsis, los contracampos y los juegos de miradas le otorgan al escaso argumento una vitalidad inusual.

En este caso el cine cordobés da un paso adelante dejando de lado el universo de los adolescentes, de los jóvenes en transición con el que viene trabajando hace años y se adentra en el universo de los adultos que no siempre es más complejo ni más difícil, sino que solo es otro universo posible no sólo desde lo temático sino desde lo estilístico.

EL PAMPERO
El pampero. Argentina, 2017.
Dirección: Matías Lucchesi. Intérpretes: Julio Chávez, Pilar Gamboa, César Troncoso, Ignacio Toselli, Germán de Silva, Alvin Astorga. Guion: Matías Lucchesi, Gonzalo Salaya. Fotografía: Diego Amson. Duración: 77 minutos.

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