Compartir

Hace unos meses, en esta misma sección, comentábamos High Rise, la última hasta entonces película de Ben Wheatley, y hacíamos un breve repaso por su filmografía destacando el hecho de que ninguno de sus films se había estrenado en Argentina. Ahora nos encontramos con Free Fire, y lo que podemos comprobar en primera instancia es que la racha se mantiene, aunque por lo menos esta se llegó a exhibir en el Festival de Mar del Plata. Y mientras Wheatley sigue participando quienes estén interesados en ver sus películas seguirán teniendo a la web como recurso.

La trama de Free Fire es bastante simple. En Boston, en el año 1978, una banda interesada en comprar armas de grueso calibre se encuentra en un almacén abandonado, lugar típico para las transacciones del bajo mundo, con los traficantes que pretenden ofrecerles la mercadería. Una serie de malentendidos, encuentros desafortunados y ánimos volátiles hacen que el encuentro, tenso por su propia naturaleza, se vuelva inmanejable, las lenguas se suelten y lo que tenía que ser un simple intercambio comercial (ilegal sí, pero esta gente está acostumbrada) se convierte en un intercambio de insultos, golpes y finalmente balazos que va a mantener a ambos grupos encerrados entre las paredes del almacén intentando matarse entre sí, sabiendo que la única manera de salir vivos de ahí es mediante una negociación improbable o la aniquilación del equipo contrario.

Si la trama es simple, la puesta en escena no lo es. Whetley parece haber concentrado de ese modo la acción como excusa para explotar sus posibilidades cinematográficas y desplegar un abanico de recursos visuales con total desparpajo. Un poco como hizo en su anterior film, A Field in England (2013) donde seis desertores de la guerra civil inglesa del siglo XVI se debatían en la búsqueda de un tesoro, los experimentos alquímicos y el consumo de hongos psicodélicos, todo en una sola tarde. Free Fire es como la versión claustrofóbica de aquella película, con un puñado de personajes, un solo escenario durante el 90% del relato y un periodo de tiempo limitado que se vive casi como tiempo real.

El desafío es cómo hacer para que eso se sostenga y no se agote. Parte de la clave está en la construcción de los personajes, con los cuales, a pesar de la poca información que maneja, uno puede reconocerlos inmediatamente. Y en la química entre los mismos, que en algunos casos puede ser explosiva. Claro, el elenco tiene gran parte del mérito. Un muy interesante seleccionado entre los que se destacan los nombres de Cillian Murphy, Michael Smiley y Sam Riley en un bando y Armie Hammer, Sharlto Copley y Jack Reynor en el otro, mientras Brie Larson fluctúa su fidelidad y sus simpatías. Todos ellos logran dotar de espesor a sus papeles, y hacer que a uno se interese por unos tipos que de otro modo le importaría muy poco si los cuecen a balazos.

Los otros ingredientes son los diálogos filosos y un humor negro e incorrecto. La violencia desatada es sucia y sobre todo ineficiente, dando cuenta que matar y morirse no es un asunto tan fácil. Los personajes van dando y recibiendo tiros, cada vez más maltrechos y lesionados, motivados solo por la voluntad de destruir al rival y salir de ahí aunque sea en pedazos.

Hay una tentación de comparar este film de Wheatley, y no estaría mal del todo, con los de Tarantino (en particular con Perros de la calle con el que tiene más de un punto en común) o los de su compatriota Guy Ritchie (con su primeras obras, Snatch o Juegos, trampas y dos armas humeantes), pero la influencia principal está en cierto cine de los 70 y en su uso estilizado pero brutal de la violencia. En Sam Peckinpah seguramente pero sobre todo en Martin Scorsese, que en esta película figura como Productor Asociado. De ahí probablemente la ambientación setentista que no es solo el intento de evitar la intromisión de la tecnología moderna (una de las líneas del relato muestra el intento desesperado y exasperadamente demorado por parte de ambos bandos de llegar primero a una oficina donde se encuentra el único teléfono del lugar) sino como un homenaje a un cine vital y a esta altura mítico, muchas veces revisitado y no siempre con fortuna. Wheatley sale airoso del desafío y ofrece un paseo vintage de diversión bruta y descarada.

FREE FIRE.
Free Fire. Reino Unido. 2016.
Dirección: Ben Wheatley. Intérpretes: Armie Hammer, Brie Larson, Sharlto Copley, Cillian Murphy, Jack Reynor, Sam Riley, Noah Taylor, Michael Smiley. Guión: Ben Wheatley, Amy Jump. Fotografía: Laurie Rose. Música: Geoff Barrow, Ben Salisbury. Edición: Ben Wheatley, Amy Jump. Duración: 90 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here