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Road movie territorial, búsqueda de afectos, soledad, silencios, un paisaje con función dramática de peso, dos personajes principales y algunos más pero solo satelitales dentro de la historia, una visión entre complaciente y amable sobre el mundo, un relato que crece a través de pequeños trazos, sonrisas culposas y nada de catarsis inútil y de euforia gratuita.

Bienvenida, entonces, una opera prima como La novia del desierto de Atán y Pivato, realizadoras que tocan algunas cuerdas afines al cine de Carlos Sorín (el paisaje, la ambientación, la tipología de los personajes) más un viaje de susurros y pequeños sobreentendidos tal como lo reflejaba Las acacias (2011), film inicial de Pablo Giorgelli premiado en festivales.

Teresa (Paulina García, la estupenda actriz del film chileno Gloria) y El Gringo (el siempre dúctil y gran intérprete Claudio Rissi) son los dos personajes centrales, el centro de atracción de la historia, el objetivo único del relato. Bajo esa concepción de guión, las realizadoras suman la árida geografía sanjuanina como soporte geográfico, fundamental para comprender mejor las vivencias del dúo protagónico.

A través de pequeños flashbacks la narración describe a Teresa, quien pierde un bolso y queda a la deriva cerca de un santuario a la Difunta Correa. Allí aparece El Gringo, amigable desde su característica más transparente, un vendedor ambulante al que en primera instancia Teresa parece temer. Pero surgirá una química especial entre ambos: al inicio a través de marcados silencios, luego desde tenues sonrisas, más tarde a partir de la construcción de un delicado erotismo que aclara –por si fuera necesario- la profunda soledad de ambos personajes.

La novia del desierto expone sus cartas dramáticas en la primera mano, no esconde sus intenciones, estimula esa riesgosa amabilidad que caracteriza a cierto argentino, que complace a una parte de la crítica y que irrita a otro montón de especialistas.

En ese sentido, parecería que el cine argentino –porqué no el cine en general- solo existe a través de la división entre películas crueles, y en la vereda de enfrente, esos films que exudan amabilidad y un notorio cariño por sus personajes.

Pienso que no debería ser así (y que disculpe el lector por el uso de la primera persona) y acá termino con este tema que excede a la opinión que pueda tener sobre La novia del desierto.

Es que la opera prima de Atán y Pivato representa un film de perfil bajo, sin demasiadas originalidades estéticas y / o formales, una caricia simpática y leve frente a otro cine diferente.

Un film menor que desde sus personajes, susurrantes y plenos de calidez, encuentra un eje único que jamás decide cambiar de rumbo.

LA NOVIA DEL DESIERTO
La novia del desierto. Argentina/Chile, 2017. Dirección: , guión y producción: Cecilia Atán y Valeria Pivato. Intérpretes: Paulina García, Claudio Rissi. Fotografía: Sergio Armstrong. Dirección de arte: Mariela Ripodas. Montaje: Andrea Chignoli. Música: Leo Sujatovich. Duración: 78 minutos.

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