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Como en sus anteriores trabajos documentales (Saluzzi: Ensayo para bandoneón y tres hermanos, La quimera de los héroes) y aun en la prestigiosa y muy defendida por la crítica Cornelia frente al espejo, el cine de Daniel Rosenfeld converge a la solidez narrativa junto a una particular mirada sobre temas divergentes: la decodificación de un músico de renombre, las vivencias de unos aborígenes jugando al rugby o una curiosa intromisión en el mundo de Silvina Ocampo.

Ahora el cineasta escarba en otro personaje específico, el septuagenario Antonio Zuleta, obsesionado con el tema de los ovnis.

Las variables temáticas de Al centro de la tierra permiten sostener el relato desde diversos ángulos argumentales: por un lado, una historia de traspaso generacional, y por el otro, la disección de un personaje central estimulado por sus delirios místicos que lo llevan a visitar a Fabio Zerpa, experto y erudito en el tema.

En ese doble juego temático, el documental/ficción de Rosenfeld (o la (in)estable simbiosis de ambos ítems) entrega en sus ochenta minutos momentos de interés en oposición a otros donde el packaging visual y sonoro (la música, el uso del color) se imponen a los desafíos argumentales.

Salvo en el último tercio en el que el Zuleta, como si fuera un astronauta (¿o un “eternauta” salteño?), aun para él, sale a explorar ese territorio desconocido a la búsqueda de una revelación o acaso de una respuesta a sus múltiples interrogantes. En esos momentos, el trabajo de Rosenfeld respira con vida propia, fusiona de manera elegante el humor con el suspenso, los silencios con la mirada del personaje, el paisaje (estupenda pero también excesivamente fotografiado) con el andar parsimonioso de una criatura de ficción que carga con una obsesión llevada al extremo. En esos diez, quince minutos de “caminata lunar”, Al centro de la tierra se aleja del peligroso espejo estético de parecerse a un documental de una señal del cable.

AL CENTRO DE LA TIERRA
Au centre de la terre. Argentina/Alemania/Holanda/Francia, 2017. Dirección y guión: Daniel Rosenfeld. Música: Jorge Arriagada. Fotografía: Ramiro Civita. Sonido: Gaspar Scheuer. Edición: Lorenzo Bombicci. Con Antonio Zuleta y la participación de Jorge Milstein, José y Reina Zuleta y Fabio Zerpa. Duración: 79 minutos.

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