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Hace exactamente 18 años caía el Muro de Berlín y no parece que esté de más imaginar qué hubiera pensado el gran director y dramaturgo alemán -que había muerto el 10 de junio de 1982-, sobre unos de los acontecimientos que marcaron el fin del siglo veinte.

Rainer Werner Fassbinder. Chaqueta de Cuero, gafas de sol, sombrero, bufanda, camisa por fuera de los pantalones vaqueros, botas altas, cigarro en mano. Amable, brutal, cariñoso, cínico, egocéntrico, depresivo. Crítico, sincero, transgresor, polémico, descarnado, suicida. Creador”. Rafa Morata Cantón. Fin del Vía Crucis. Rainer Werner Fassbinder: Vida de un Genio.

Rainer Werner Fassbinder, nació un 31 de mayo de 1945 en Bad Wörishofen, Alemania. Catorce años de vida profesional. Una treintena de obras de teatro dirigidas y escritas o adaptadas por él. Cuatro producciones radiofónicas. Dos cortometrajes. Veinticuatro películas para cine. Diecisiete para televisión. Cine de gangsters, una particular incursión en el western y en la ciencia-ficción, adaptaciones literarias y teatrales, melodramas. Productor, co-productor y guionista de la gran mayoría de sus películas y de tres obras ajenas. Fotografió y se ocupó de la escenografía de algunos de sus films. Actor protagonista, secundario o figurante en sus propias películas y en las de otros autores.

“Si hay una guerra nuclear, la gente debería parapetarse detrás de mí, porque si cae una bomba a mi no me destruiría. Tengo más energía que cualquier bomba”, resume su pasión enfermiza por el trabajo y su forma de vida con los excesos como protagonista.

Reconocido como uno de los mayores representantes del Nuevo Cine Alemán, sus obras están empapadas de un aire inconformista y provocador, profundamente pesimista y desesperado. Fassbinder articula un discurso donde los sentimientos y las emociones humanas estallan como consecuencia de la tensión y la violencia que rigen las relaciones entre unas personas que son producto de su sociedad. Buscaba que su público tomará partido, y que al igual que él denuncié y se revele contra aquella sociedad injusta. Las clases altas, medias y bajas; las facciones políticas de cualquier índole; el pasado y el presente del pueblo alemán no se libraron de una mirada crítica, profunda e insobornable que escandalizó a la conservadora nación alemana de los años setenta.

Horas antes de morir, en una entrevista con el director Wolf Gremm, al ser consultado acerca de su opinión sobre la forma en la cual el cine abarcaba la homosexualidad, Fassbinder respondió: “Lo ha hecho siempre mal. Es imposible ser justo con nadie. No se puede retratar bien a los homosexuales ni tampoco a los heterosexuales. Sólo se pueden hacer las cosas mal. Además, no se trata de retratar la homosexualidad sino al individuo y cómo forja su identidad”. Siempre entendió que la aceptación de su obra dependía de su imagen, razón por la cual, seguramente, adoptó una conducta escandalosa y autodestructiva.

El 10 de Junio de 1982 muere en Múnich, con apenas treinta y siete años y una apariencia de más de cincuenta. Siempre creyó que iba a morir joven: en el libro La muerte lenta de Rainer Werner Fassbinder se habla de un conocimiento profético de la muerte temprana y de la nostalgia de la misma, dándose a entender que esta supuesta enfermedad se presumía desde 1974. Quizá esta idea despertó en Fassbinder unas ansias por producir película tras película y obras en simultáneo, destruyendo su cuerpo a costa de estimulantes que le permitieran mantener el ritmo. Toda su vida había sido suicida. Fassbinder nunca dejó de atentar contra su salud. Nada fue en vano, su actitud extremadamente transgresora definió y sigue describiendo a la perfección su personalidad y posición frente al mundo y a la realidad que le tocó vivir. Necesitaba la leyenda y se sacrificó por ella.

“El hombre es un animal deforme. El enemigo de todos los enemigos. La criatura más baja que existe sobre la faz de la Tierra. Nos es bueno vivir en un cuerpo humano. Prefiero acurrucarme bajo la tierra, correr campo a través y tomar lo que me encuentre. Y el viento sopla. Y viene el frío y se va. Eso es mejor que vivir en un cuerpo humano” (Epílogo de Berlín Alexanderplatz)

Dentro de su estilo revolucionario, rebelde y agitador jamás quedó de lado el tinte político, social y cultural. Ya sea tomando en cuenta la situación mundial o la de Alemania de posguerra, como la previa y durante la misma. Cada uno de estos momentos llevados a una realidad micro, como ser la vida de una pareja o la relación madre e hijo, evidenciando la influencia de esta sociedad injusta sobre sus propios ciudadanos.

Nada ni nadie se salvó de la mirada crítica de Fassbinder, la gran burguesía alemana se ve implícita en Ruleta China, la Alemania de posguerra en El matrimonio de María Braun, la decadencia de la guerra en Berlín Alexanderplatz, el desprecio hacia aquel que es distinto en La ley del más fuerte y La angustia corroe el alma, y así cada una de sus películas deja entrever la crueldad, la hipocresía, el sometimiento impuesto por quien tiene poder. No se olvidó de ninguno, ni se dejó convencer por ninguna parte. Creó su propio “partido” y vivió fiel a sus ideales, aborreciendo el comunismo y criticando el capitalismo.

Una lástima que no vivió para ver la Caída del Muro.
¿Qué habría ocurrido en tal caso?

El 9 de noviembre de 1989, después de una breve conferencia de prensa, el jefe del Partido Comunista oriental, pareció anunciar una de las acciones político- sociales más relevantes del siglo XX, la Caída del Muro de Berlín, el Muro que por casi tres décadas aisló a todo un pueblo del mundo.

Muchos jóvenes alemanes orientales, con pequeñas mochilas al hombro, vacilaron antes de saltar el Muro; una hora antes sólo acercarse al mismo habría significado la muerte inmediata. En ese momento, por el contrario, muchas manos del otro lado se extendieron para ayudarlos, dándoles la bienvenida, mientras que otros compartían la alegría de derribarlo.

A partir de entonces más de un millón de alemanes se movilizaron exigiendo libertad de expresión y movimiento, liberalismo político, cese de discriminaciones y privilegios y el reconocimiento oficial de los representantes de los partidos políticos de oposición. El socialismo soviético había caído junto a su Muro.

Posiblemente Rainer hubiera pasado los primeros dos o tres días borracho, mimetizándose con el resto de sus conciudadanos que celebraban sin entender demasiado qué ocurría. Probablemente su ojo crítico hubiera notado ese desconcierto e incertidumbre en medio de la vorágine de una celebración a la cual hubiera considerado hipócrita; el símbolo de la división del pueblo ya no existía pero, una vez más, Fassbinder hubiera hecho hincapié en que lo verdaderamente importante es la identidad de una persona.

Seguramente habría rescatado la victoria de los movimientos intelectuales y la explosión del pensamiento ultraliberal, pero sin descuidar que la liberación de los bloques ideológicos y las fuerzas oprimidas significaría la represión de muchas otras. Probablemente habría denunciado el abuso del poder y la corrupción como consecuencia del triunfo del anticomunismo, enfatizando nuevamente en el sometiendo impuesto por aquellos que tienen poder sobre un pueblo desesperado por un líder, lo cual también habría aborrecido, remitiéndose a la idea del Fûhrer; del individualismo frente al nacionalismo y la desmemoria histórica.

Rainer Werner Fassbinder habría hecho arder Alemania mientras montaba un plano general, a modo de travelling lateral, pasando por diversos vidrios que siguieran reflejando las llamas. Seguramente Hanna Schygulla aparecería por un costado alimentando el fuego con algún material inflamable, mientras que de fondo una voz histriónica denunciaría todas aquellas faltas de la sociedad alemana.

Quizás sea esta la razón por la cual no presenció la caída, y la misma razón por la cual en su propio país prefieren olvidar su obra en cine y en teatro.

Alemania, un país bonito y sin grandes inconvenientes civiles en la actualidad pero que su historia pasada da la imagen de un caballo con anteojeras que impiden siquiera mirar hacia un costado.

Fassbinder proponía eso: quitar la vista del ego, movilizarse contra aquello que está mal, que atenta contra los derechos más básicos de la humanidad, contra quien no es como uno, y por ende es “peor”, ya que alentaba a romper esquemas, expresarse y liberarse.

Fassbinder fue un agudo observador de la realidad y de los submundos que coexisten en lo cotidiano y, como él afirmaba, hacer de ello una película, que era lo más natural y lo más fácil de concebir bajo su profunda mirada.

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5 Comentarios

  1. Imaginar q haría otro….
    Es un riesgo muy bien expresado y con la crueldad peculiar de Fassbinder y la creación de esta novel autora
    Este es el camino. Bien por ingresar en la senda.

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