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Después de Vivir al límite (2008) y La noche más oscura (2012), Kathryn Bigelow vuelve a la guerra, pero esta vez deja territorios lejanos y se mete en el corazón de los Estados Unidos, narrado los sangrientos hechos producidos esa ciudad a lo largo de cinco días de julio de 1967, que dejaron 43 muertos y 7 mil detenidos (en su enorme mayoría negros), que se levantaron contra la violencia policial practicada contra esa comunidad. El hecho terminó convirtiéndose en uno de los episodios más trágicos y emblemáticos de la larga lucha de los negros por alcanzar la igualdad y el respeto en su país.

El film de Bigelow se centra en el club Algiers, regenteado por negros y asaltado por la Guardia Nacional la tercera noche de los sucesos tras un incidente menor. En su interior estaban una decena de afroamericanos y dos blancos, de los cuales tres resultaron muertos y el resto fuero rescatado después de sufrir torturas y humillaciones.

Más allá de las buenas intenciones, la respetada directora no logró dar con el tono del relato y tal como sucedió Con la noche más oscura, cuenta mucho y muestra poco. El relato se convirtió en una historia contada de manera engorrosa que se asemeja demasiado al pasquín y casi sin querer, minimiza los hechos reales y la lucha reivindicatoria de los ciudadanos negros, en favor de un efectismo que no le interesa más que a la ganadora del Oscar.

DETROIT: ZONA DE CONFLICTO
Detroit. Estados Unidos, 2017.
Dirección: Kathryn Bigelow. Guión: Mark Boal. Elenco: John Boyega, Will Poulter, Algee Smith, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Hannah Murray, Jack Reynor, Kaitlyn Dever, Ben O’Toole, John Krasinski. Producción: Kathryn Bigelow, Mark Boal, Matthew Budman, Megan Ellison y Colin Wilson. Distribuidora: Digicine. Duración: 143 minutos.

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