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El mar como testigo. Un plano panorámico nos muestra la ciudad en 360°, su diversidad no está dada solo por la estructura de sus edificios (la ciudad vieja vs. la ciudad nueva) sino que también el sonido, trabajado de manera excepcional, se convierte en un factor radical de diferencia. La selva y el mar como terrenos ineludibles, Puerto Rico se ve brillando hermosa y trágica.

Álvaro Aponte-Centeno nos conecta con la vida de Rafito y su familia, empatizando inmediatamente con estos personajes nos compenetramos en su quehacer cotidiano. Un mundo hostil, de presiones y conflictos, la tarea prohibida de transportar inmigrantes ilegales se convierte en una empresa, que por más que medie el dinero, muestra en su hacer algo de redención.

Interpretaciones maravillosas nos conmueven conforme avanza el film, no abra reparo, quizás alguna fiesta al son del reggaetón nos dé un respiro ante tanta desdicha. Esquivando los lugares comunes la cinta es una escalada de tensión que culmina en los últimos cinco minutos con un indicio que no dará respuesta.El silencio del viento, de Álvaro Aponte-Centeno (Puerto Rico, 2017).

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