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Un recuerdo juvenil, privado, con todos los brillos y miserias del exceso. La propuesta de Gustavo Biazzi se reduce, arduamente, en ello. La tierna juventud deja grabada escenas en la mente de todos, lugares complejos llenos de luces y sombras.

Desconcierto y sin sentido, Ernesto como protagonista no muestra carácter, se ve arrastrado por las situaciones y el desorden. Apostamos que la tierna juventud acabara pronto, mediante el duelo la adultez acontece. Un guion lento, torna la cinta tediosa, el horizonte de previsibilidad esta determinado desde un comienzo, todo lo predicho se cumple a cuentagotas.

Aun así asistimos a viñetas costumbristas, se figura una adolescencia de clase media muy cómoda, sin mayores complicaciones que las de concretar una cita o juntar dinero para una prostituta. Sin juzgar demasiado, solo es la amarga ternura de un adolescente mundano. Empatía solo por cuenta propia. 

Los vagos, de Gustavo Biazzi (Argentina, 2017).

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