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La calidez del vínculo entre Su-hyeon y Ji-young, está descontada pero mantienen una relación de fricción con el mundo que los rodea. Él desde su frustración como artista plástico que está obligado a trabajar como maestro para subsistir, ella como contratada en un canal de noticias que aun no logro entrar como planta permanente; tampoco tienen lo que podría denominarse un hogar en tanto parece que sus mudanzas son permanentes y ni siquiera se ocupa de comprar comida. Y por último, conviven pero no están casados, un dato no menor para la conservadora sociedad coreana.

Pero desde que comienza la película y el espectador se asoma a la vida de estos dos jóvenes, sabemos que hay una posibilidad de que la chica esté embarazada. Este dato hace que la pareja decida visitar primero a los padres de ella, que viven lejos, en un amplio departamento y sin necesidades económicas, y luego se trasladas a otra ciudad, para que la chica conozca finalmente a los padres de él, una pareja humilde.

Desde ambas clases sociales los problemas de incomunicación, hastío, expectativas a cumplir y decepciones se suceden en pantalla, para conformar un retrato bastante interesante de las tensiones de la modernidad sobre las personas, mientras que afuera, se suceden las manifestaciones pidiendo la renuncia de la presidenta, acusada de corrupción.

Lo cierto es que entre la tristeza, la desconexión emocional y los padres tremendos, también hay momentos graciosos, pero sobre todo las dos incursiones a los territorios familiares, son para Su-hyeon y Ji-young algo así como un recordatorio sobre el mundo de donde viene cada uno y confirmar que no, ellos van a hacerlo mucho mejor. 

The First Lap, de Kim Dae-hwan (Corea del Sur, 2017).

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