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La adolescencia es retratada con dolor y locura, el crecimiento esta comprendido como el fin del viaje, la vuelta a casa y a la tierra. Tomás vive rodeado de la histeria de su madre y hermana, sumado a un padre indiferente y medio delincuente. El primer paso será dejar de tomar las pastillas, luego confeccionar la nave y preparar todo para el despegue.

Este no es un viaje en busca de soledad, Tomás decide llevar a su familia a la expedición. Dispuestos, pero conflictivos, acompañando el “brotar” de Tomas la cinta se propone cómica, por momentos plenamente acida. El color, en una puesta en escena prolija, tiene su protagonismo jugando con una propuesta musical que incluye musicales. Estéticas del videoclip se filtran dando dinamismo al film.

Las escenas cotidianas son las mejores de la puesta, diálogos alegres y bien interpretados disparan risas al ver a Tomas y su amigo Checho coordinar planes para robar exámenes o asistir a una fiesta. Luego del viaje la vuelta a la tierra resulta inminente, solo por amor, Adiós querida Luna. 

Un viaje a la Luna, de Joaquín Cambre (Argentina, 2017).

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