Compartir

La consigna es bien simple y se resume en una frase. Como sucede en algunas comedias donde una característica decisiva define a un personaje por completo y sella su destino, en el caso de Juliette se trata de la imposibilidad de tomar decisiones. Una tara que, más que un rasgo de personalidad, es una condición psicopatológica que se extiende a todas las áreas de su vida como puede ser elegir un peinado o un plato en el menú de un restaurante. Pero también se aplica a cuestiones menos triviales y, como esto es una comedia romántica, esas cosas más trascendentes tienen que ver con la elección de pareja. Después de ser abandonada por su anterior novio, justamente a causa de su problemita, Juliette se ve a ante la circunstancia de tener que elegir entre dos pretendientes. Ambos son diferentes entre sí pero le resultan atractivos por igual, o eso cree ella. Así nuestra protagonista se encuentra inesperadamente, o no tanto, en un escenario que la pone entre la espada y la pared, con la obligación de hacerse cargo de su vida y dejar de delegar las decisiones en otros.

Una propuesta así de simple y lineal ha probado en otros casos sostener un relato sin problemas durante hora y media. No es el caso aquí, donde el chiste de la indecisión se agota bastante rápido y es necesario pasar a otros temas antes que todo se desinfle. Ahí la cuestión gana un poco de interés con cierta observación de las relaciones contemporáneas en tiempos de Tinder, la necesidad de estar siempre en carrera y el mandato de reingresar de inmediato y sin demora al mercado de los intercambios amorosos (“volver al ruedo” lo llaman), más aún llegada determinada edad como son los cuarenta de Juliette. En ese marco se inscriben también las conquistas como trofeos y los encuentros casuales como símbolos de status. Así, una de las amigas de Juliette, marca las características de los tipos con los que se acuesta como materias a rendir (un negro, un obrero, un escocés, etc).

Los personajes secundarios, un elemento fundamental en las comedias románticas, no aportan demasiado espesor y son aún más básicos que su protagonista, quien a pesar de su rasgo casi caricaturesco al menos es bastante desenvuelta y se mueve con confianza en el campo de la seducción. Finalmente todo queda en el marco del triángulo amoroso y la resolución esperable del dilema inicial.

Dos amores en Paris se trata de una comedia romántica estándar. Algunas de sus observaciones sobre las relaciones amorosas pueden despertar una sonrisa a partir de una mirada un poco más aguda, pero en general se basa en un humor bastante simplón. Probablemente ese no sea un problema para el público al que se dirige a quien se le hace una oferta sin mayores pretensiones: Una historia de amor o de amores simultáneos, unos cuantos gags y un conflicto liviano a resolver, donde la felicidad (y el triunfo) se define entre decidirse por un renombrado chef o un exitoso bancario.

DOS AMORES EN PARIS
L’Embarras du choix. Francia. 2017.
Dirección: Eric Lavaine. Intérpretes: Alexandra Lamy, Jamie Bamber, Arnaud Ducret, Anne Marivin, Sabrina Ouazani. Guión: Laure Hennequart, Eric Lavaine, Laurent Turner. Fotografía: François Hernandez. Música: Fabien Cahen. Edición: Vincent Zuffranieri. Duración: 95 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here