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Una escuela como síntesis de una sociedad. Un micromundo determinado que refleja un todo, una acumulación de amenazas, peligros, paranoias, comportamientos extremos, discutibles algunos, problemáticos y en tensión casi todo el resto.

La apuesta del director venezolano Espinoza apunta a diseccionar una multitud de conflictos, historias que se abren para cerrarse en apariencia, dispuestas a someterse al bisturí estético de su director y de un guión que trabaja desde la apertura de un mundo pequeño pero en crisis permanente.

Un director de escuela, el tal Argüello (ese buen actor que es Germán de Silva), su hermana (Ana Celentano) que vive como él para la institución escolar y una alumna (la debutante Nina Suárez Bléfari) con una tipología determinada y con los padres fuera de campo.

Pero más adelante se sumará una prostituta (Laura López Moyano, una buena actriz vista en La patota), una serie de secundarios de alto riesgo para la particular pareja de director y alumna, una zona peligrosa que se tendrá que escarbar a partir del descubrimiento de un submundo que pocos quieren ver pero que existe.

La película arranca con una cámara en mano que sigue a Argüello controlando mochilas de alumnos. El despliegue es silencioso y eficaz desde lo narrativo: pocas palabras, nada de sentencias, un permanente no sé sabe qué está pasando en ese colegio pero algo ocurre y hay que saberlo cuanto antes.

La relación Argüello y alumna, en su segunda mitad, se abre a otras instancias, fuera de la institución, en donde la película descansa en ciertas frases que suenan como “mensajes” para mostrar que se está en un mundo podrido, descompuesto, alterado pero cómodo en su roña cotidiana.

Allí, por momentos, Arpón levanta un alegórico dedito acusador, proclama y fustiga en lugar de espiar y acariciar con inteligencia los conflictos, convirtiéndose en un film de fuerte contenido para el universo de los festivales de cine.

Son elecciones estéticas, formales, temáticas, propósitos germinados desde una reunión de preproducción. Pero no está mal. Que quede claro.

ARPÓN
Arpón. Argentina/España/Venezuela, 2017.
Dirección y guión: Tom Espinoza. Intérpretes: Ana Celentano, Germán de Silva, Laura López Moyano, Nina Suárez Bléfari, Marcelo Melingo. Producción: Martín Aliaga, Roxana Ramos, Juan Fermín y Daniel Ruiz Hueck. Fotografía: Manuel Rebella. Dirección de arte: Mirella Hoijman. Sonido: Francisco Toro. Edición: Leandro Aste. Música: Nascuy Linares. Duración: 82 minutos.

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