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Se trata de dos películas en una: la película de supervivencia y la película de superación. Y aunque suenen parecido, no son el mismo rubro. En la primera, Eric Lemarque (Josh Hartnett), un ex jugador de hockey profesional, se pierde en medio de una tormenta en la montaña y pasará varios días tratando de sobrevivir a la hostilidad del ambiente en busca de encontrar su camino de regreso, o de que lo encuentren a él. En esa odisea se enfrenta al frío, al hambre, a los lobos, a su desorientación y los trucos de su mente. En la segunda, Lemarque va rememorando todos sus triunfos y fracasos, sus errores y las calamidades que tuvo que pasar: su relación conflictiva con un padre que siempre lo sobre-exigió, las adicciones, una carrera desperdiciada, problemas con la ley y el sufrimiento de su pobre madre (Mira Sorvino). Ambas se entrelazan a través de una estructura que plantea por un lado un presente de ocho días donde el protagonista deambula por las montañas nevadas en busca del regreso a la civilización y no perecer en el intento. Por otro lado están los flashbacks que muestran un pasado dramático y conflictivo. Algo muy parecido a lo que le pasaba a Isabel Sarli en Ultimo amor en tierra del fuego, aunque aquel film del binomio Bo-Sarli mostraba un desparpajo del que este film solemne carece totalmente.

Es cierto que las citadas no son dos vertientes que deban estar necesariamente en conflicto. En muchos casos la convivencia de ambas puede ser colaborativa y una complementar a la otra. En este la relación es de sometimiento. La película de superación aplasta a la de supervivencia y la pone a su servicio para potenciar el mensaje. Así, todo el peligroso periplo del personaje en la montaña, y que podría convertir el film en algo un poco más entretenido que un relato de autoayuda, funciona apenas como excusa para un pretencioso y grandilocuente discurso motivacional.

La primera imagen que vemos es un cartel que nos advierte que esto está basado en una historia real. El verdadero Eric Lemarque, que obviamente sobrevivió para escribir el libro en que se basa el film (no tomen esto como un spoiler, vamos), hoy se dedica a ser entrenador y dar discursos inspiracionales. Como los que tenía que sufrir de su padre pero ahora con buena onda (suponemos). El guionista, Madison Turner, hizo su carrera en el cine como doble de riesgo y este es su primer guion estrenado. Es probable que se haya sentido inspirado por la vida o los discursos de Lemarque y lo que quiso obtener haya sido un discurso inspiracional en forma de película. En tal caso podemos decir que eso es más o menos lo que obtuvo y lo que el espectador va a obtener. El mensaje parece ser que es necesario caer bajo, cuanto más bajo mejor, para poder levantarse renovado. Como en Batman pero más subrayado. Así, toda la odisea que sufre el protagonista en la montaña sería no tanto una contingencia desgraciada sino más bien un martirio dictado por el destino, un vía crucis necesario para vencer los demonios y alcanzar una suerte de iluminación.

Un mensaje así, cuestionable o no (es cuestión de opinión), sería un poco más digerible si viniera presentado con mayor pericia. Sabemos que la manipulación emocional no ha desaparecido en el cine contemporáneo pero se ha sofisticado por lo menos para tratar de borrar o hacer menos evidentes sus huellas. Acá parecen no haberse enterado y echan mano a los recursos más gruesos y gastados (música dramática, cámaras lentas, efectos de sonido) con la sutileza y la gracia de una avalancha de nieve.

Los actores protagónicos merecen algo mejor que esto. Harnett lo ha demostrado recientemente en la serie Penny Dreadful, por ejemplo. El maltrato es más evidente con la pobre Mira Sorvino a quien exhiben casi exclusivamente en escenas de llanto, gritos y caras desencajadas. Quizás, siguiendo el mensaje inspiracional del film, esto pueda interpretarse como un martirio, una caída de la que puedan salir purificados con sus carreras mejor encaminadas. Ojala así sea.

BAJO CERO: MILAGRO EN LA MONTAÑA
6 Below: Miracle on the Mountain. Estados Unidos. 2017.
Dirección: Scott Waugh. Intérpretes: Josh Hartnett, Mira Sorvino, Sarah Dumont, Kale Culley, Jason Cottle. Guión: Madison Turner. Fotografía: Michael Svitak. Música: Nathan Furst. Edición: Vashi Nedomansky y Scott Waugh. Duración: 98 minutos.

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