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Juan José Stagnaro, director de fotografía, incursionó en la dirección con Una mujer (1975), pionera en abordar el tema “cuestión de género”, murió anoche a los 79 años, según informo Directores Argentinos Cinematográficos.

Nacido el 16 de noviembre de 1938, comenzó sus estudios en las carreras de Ingeniería y Letras, no obstante al mismo tiempo nació su inquietud por la realización cinematográfica y la fotografía, que signarían una larga trayectoria.

Según relató, su primer acercamiento al cine fue a través de cineclubes, como el Argentino y Núcleo, y un curso en la Asociación Argentina de Cortometrajes, con docentes como Simón Feldman y Mabel Itzcovich.

También estudió “psicología social” con Enrique Pichon Riviere, trabajó en cine publicitario y luego fue convocado por cortometrajistas de entonces para hacerse cargo del rubro director de fotografía.

Así “Buby” Stagnaro comenzó su carrera como técnico en el cine nacional en tiempos de la Generación del 60, junto al también principiante Eliseo Subiela, con quien colaboró en el cortometraje El largo silencio (1963),

Casi de inmediato, él mismo dirigió su única obra en ese formato,”Berni 1962-1965 (1965), documental acerca del pintor, grabador y muralista argentino.

El proyecto (1968), con Julia von Grolman, Héctor Pellegrini y Federico Luppi, se frustró simplemente porque lo filmado a lo largo del país no le gustó.

Sin embargo y en todos esos años, su tarea como director de fotografía no cesó, y acredita algunas labores memorables, en especial en El romance del Aniceto y la Francisca (1966), de Leonardo Favio.

No fue el único caso de trabajo para recordar, ya que de aquellos tiempos fue el del episodio Noche terrible (1967), del mediometraje El pacto, dirigido por Rodolfo Kuhn sobre un texto de Roberto Arlt.

Con Kuhn volvería a trabajar detrás de la cámara en Turismo de carretera (1968), con Raúl de la Torre en su clásico Juan Lamaglia y Sra (1970), y nuevamente con Favio en Nazareno Cruz y el lobo (1975), así como codirigió The Players vs. Angeles Caídos (1969), con Alberto Fisherman.

Ese año dirigió su primer y único largometraje que llegó a estrenarse, Una mujer, según un guión que compartieron Aida Bortnik y Osvaldo Soriano, protagonizado por Cipe Lincovsky, Federico Luppi y Luisa Vehil.

Su asistente fue Adolfo Aristarain y su asesor como director de actores el teatrista Carlos Gandolfo, todo un grupo fuerte que ayudó a que Lincovsky compusiera uno de los mejores papeles de su carrera.

Su último trabajo en esa posición fue en Peperina (1995) tras lo cual, y con el advenimiento de las nuevas tecnologías de la imagen, se dedicó al trabajo de transcripción de material fílmico a video y viceversa.

Desde aquellos tiempos estuvo al frente del laboratorio R+T Stagnaro, que por ejemplo restauró Sinfonía de un sentimiento, el extenso documental de Leonardo Favio acerca de Juan Domingo Perón.

Sin embargo, por problemas económicos lo cerró y desde entonces se retiró de la actividad profesional.

 

Sus restos fueron depositados en el Cementerio de Boulogne, en una ceremonia privada.

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