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La directora Lais Bodanzky ganó como mejor directora por "Como nuestros padres".

La programación del último tramo del Festival siguió con varias películas que apuntaron contra cualquier condescendencia a presuntas levedades compatibles con la playa. La chilena Cabros de mierda, de Gonzalo Justiniano, incursionó en una perspectiva inusual para la ya larga serie de films sobre la dictadura pinochetista. Situada en la década del ochenta, a través de la historia de una joven de las poblaciones, las barriadas populares que fueron claves en la prolongada resistencia, y su relación con un misionero, delinea un cuadro que integra lo íntimo con la memoria colectiva. Más allá de la historia sentimental en juego, en Cabros de mierda asoma un retrato social complejo al que contribuyen, en el interior mismo del film de ficción, los registros tomados en esos tiempos por el propio director, cuando volvía del exilio y participaba clandestinamente del audiovisual militante en plena dictadura.

“Cabros de mierda”, de Gonzalo Justiniano.

Interesante propuesta fue la de Benzinho, de Gustavo Pizzi. Filmada en Petrópolis, sigue la historia de Irene (Karina Teller) y su familia, en términos de comedia dramática. El conjunto integrado por la protagonista, esposo y cuarteto de hijos, configura no exactamente una familia disfuncional sino algo así como un sistema caótico, que subsiste en torno a la cohesión que aporta la enérgica presencia de Irene. La inminente partida del hijo mayor hacia Alemania, contratado como jugador de handball, dispara una serie de peripecias que sin ceder a los clichés del costumbrismo, deja aparecer (como ocurría en la ya comentada Las dos Irenes), un cuidado equilibrio entre la mirada sobre lo íntimo y lo social. Aunque aquello que en las Irenes del anterior film se delineaba con contención, aquí se exprese a puro (y honesto) estallido emotivo.

“Benzinho”, de Gustavo Pizzi.

También se proyectó en el Festival la última película de Paolo y Vittorio Taviani, Una cuestión privada, que representa una vuelta a las poderosas imágenes de algunos de sus más reputados films, superando afortunadamente la pálida y casi académica Maravilloso Boccaccio (2015). Aunque sin la cuota de arrasadora novedad que implicó el semidocumental César debe morir (2012), con su versión shakespereana interpretada por los presos de la cárcel romana de Rebibbia, en Una cuestión privada un elenco mayoritariamente compuesto por jóvenes ficcionaliza un tramo especialmente cruento de la confrontación civil en el Piamonte, durante la segunda guerra mundial. Partisanos y fascistas se enfrentan en escaramuzas salvajes, se capturan e intercambian rehenes. En ese contexto, un joven partiggiano intenta buscar a su amigo capturado por el enemigo. No sólo es cuestión de combate, sino que ambos están ligados por una vieja amistad y por la pasión respecto de una amiga común. Acaso no sea un film mayor de los Taviani pero indudablemente posee su marca de fábrica y, entre la niebla que liga una y otra secuencia de la película, cobran forma ante el espectador un par de pasajes memorables sobre la vida y la muerte en guerra, que se suman con mérito propio al canon de su filmografía.

“Una cuestión privada”, de Paolo y Vittorio Taviani.

Los premios del Festival fueron diversos y en el mismo sentido de las apuestas cinematográficas. La ganadora en el rubro mejor película fue la colombiana Matar a Jesús, de Laura Mora. Interpretada por actores no profesionales y ambientada en un Medellín violento, donde un clima de peligro cierto y mortal invade cada situación, la película evita los estereotipos que remachan hace mucho, desde la ficción de cine y TV, los horizontes posibles de una historia de venganza en América Latina. Partiendo de ese esquema de venganza, Matar a Jesús va construyéndose como un extraño estudio sobre seres que se exponen a un dilema, entre la fragilidad y la devastación. Hablada en un acento paisa bien cerrado, se expande más allá de los diálogos e impone sus recursos estilísticos marcando el enfrentamiento entre sus personajes, y su resolución final, en términos poderosamente cinematográficos.

“Sandia”, de Jon Garaño y Aitor Arregui.

El Premio a la Mejor Dirección fue para la brasileña Lais Bodanzki, por Como nuestros padres, que ya hemos comentado en la anterior entrega. La película también también obtuvo otro reconocimiento, por mejor actriz, para Clarisse Abujamra. El ganador por mejor actor fue Eneko Sagardoy, el protagonista del film vasco Handia, de Jon Garaño y Aitor Arregi. Basado en una historia real del siglo XIX, la del Gigante de Altzo, quien mostrándose como el hombre más alto del mundo recorrió países y cortes europeas, la intensa melancolía que desprende esta película casi íntegramente hablada en euskera se desprende fundamentalmente de la composición de Sagardoy, que convence al espectador de ser un desdichado humano de casi dos metros y medio de altura. Y no sólo eso, sino que permite apreciar y compartir dolorosamente las consecuencias de su condición.

“Abalos. Una historia de 5 hermanos, de Josefina Zavala.

El premio del FilmMusicFest fue para Abalos. Una historia de 5 hermanos, y el Festival también otorgó una distinción especial al actor brasileño Tony Ramos, de prolongada trayectoria de más de medio siglo en el cine, la televisión y el teatro de su país. Luego de la ceremonia del cierre y la entrega de premios, finalizó la gala de clausura con la presentación de En pedazos, de Fatih Akin. Esta película de llamativa crudeza, con su planteo fatalista, cuya progresión casi geométrica va desde un devastador atentado inicial hacia una historia que desdibuja los límites entre justicia y venganza, fue recibida con notable aceptación por un público abierto a propuestas que algunos juzgarían demasiado arriesgadas para un festival de entorno veraniego. El film de Akin, sostenido de manera constante por el desempeño de una remarcable Diane Kruger, ahonda en el brote de nazismo en la Europa contemporánea y diseña una parábola sobre la imposibilidad de reparar un estado de cosas atravesado por un daño irreversible. Cierre corajudo y explosivo para el Festival de Punta del Este, como afirmando que las decisiones en términos cinéfilos pueden más que cualquier cálculo sobre presuntas orientaciones de plateas. Y que demuestra además que el público real, no el imaginado por el marketing, posee los elementos para responder numerosamente y con entusiasmo al convite.

Palmares
-Mención especial a Wiñaypacha, de Óscar Catacora (Perú).
-Mención especial a Eugenia Chaverri de Violeta al fin (Costa Rica).
-Mención especial a Giovanni Rodríguez de Matar a Jesús (Colombia).
-Mejor actor a Eneko Sagardoy por Handia, de Jon Garaño y Aitor Arregui (España).
-Mejor actriz a Clarisse Abujamra, de Como nuestros padres, de Lais Bodanzky (Brasil).
-Mejor director a Lais Bodanzky de Como nuestros padres (Brasil).
-Mejor película a Matar a Jesúsde Laura Mora (Colombia).

Punta del Este 2018 (l)
Punta del Este 2018 (ll)

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