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Álvaro de la Barra creció lejos de Chile, el lugar donde nació pero dejó con apenas un año de vida. Sus padres murieron en un enfrentamiento con las fuerzas armadas chilenas en 1974. Llevaban meses viviendo en la clandestinidad y luchando en clara desventaja contra el ejército comandado por Augusto Pinochet. De la Barra tenía al momento de producirse el supuesto enfrentamiento 23 años, su mujer Ana María Puga 25 y el hijo de ambos un año y medio, Los padres de Alvaro murieron en la esquina del jardín de infantes al que iba su hijo. Una vez producido el asesinato de los dos militantes del MIR, se generó una red de solidaridad alrededor del niño que terminó con este viajando a París primero y a Venezuela más tarde. Lejos de sus padres reales Alvaro se crió con su tío Pablo que si bien nunca le ocultó quienes eran realmente sus orígenes, también creo una especie de tabú sobre su historia.

La familia De la Barra tiene una tradición artística, tanto que su abuelo paterno era un director de teatro de gran trayectoria y Pablo, el tío que crió a Alvaro, es director de cine. Pablo se fue de Chile antes que Alejandro, pero había filmado una ficción llamada Queridos compañeros en la que se contaba la vida de quienes integraban los grupos que se habían entregado a la lucha armada y las imágenes de aquella película le sirvieron al hoy director de cine Álvaro De la Barra para recrear el imaginario de sus padres. Un manera de ver el mundo idealizado, en donde sus padres aparecían como románticos luchadores por un mundo mejor. El tiempo pasó y Alvaro creció en el mundo del cine con lo que resultaba casi lógico que terminara siendo director.

Se estrena Venían a buscarme y aprovechando que De la Barra se encuentra en la Argentina, charlamos sobre la película y sobre todo, la aventura de conocer su identidad y recuperar parte de la historia.

“Desde que empecé a trabajar en cine, con mi tío Pablo, resultó muy claro para mí que la primera película que haría tendría que ver con mi historia. Y lo cumplí”.

Alvaro tiene hoy más años que los que tenían sus padres al momento de ser asesinados en un enfrentamiento que todos los testimonios indican que fue fraguado, ya que no hubo forma de que los dos militantes del MIR pudieran hacer un sólo disparo contra las fuerzas de seguridad.

“La vida tiene muchas otras cosas que las que hacen a la vida de la militancia y la política, que quedaron afuera de la película”, asegura el director, que además de ser cineasta es historiador, algo que le sirvió a la hora de tratar esta crónica cinematográfica que está llegando a las salas de cine mañana, un par de días antes de un nuevo aniversario del golpe militar que en la Argentina llevó al poder a las Fuerzas Armadas y terminó por desatar un verdadero infierno de represión y violencia.

“Vi muchas películas vinculadas al tema y conté con la ayuda y el apoyo de dos guionistas muy importantes como Lucrecia Martel y Jorge Goldemberg. Por supuesto, Lucrecia es brillante pero también tuve la sorpresa de que Goldemberg había participado de la escritura de Queridos compañeros, aquella película que mi tío filmó antes de dejar Chile y Jorge se acordaba partes enteras de los diálogos de aquella película.

De la charla se desprende que Alvaro a pesar de haber recibido los papeles que lo acreditan como hijo de sus padres no termina de adaptarse a Chile, en parte por la carga pesada de su historia, en parte porque siente que aquello por lo que lucharon sus padres está lejos haberse hecho realidad y que siente que a esa sociedad le falta humanidad así que hoy vive un poco en Chile y otro poco en Argentina donde se siente más cómodo y donde busca que su película encuentre un público de profesores universitarios y alumnos preocupados por temas políticos.

“En Chile falta profundizar en aquella época y contar más lo que ocurrió. Es muy impresionante que la juventud no esté enterada de lo que pasó en aquellos años. Hubo una política de ocultamiento y las nuevas generaciones crecieron en ese clima. Hay gente que cuando ve en mí película lo que ocurrió sigue negándolo pero la película ayuda que eso vaya cambiando. Me ha pasado que la hija de un general me agradeciera por mostrar esa época y un médico de Pinochet me dijo directamente que ver mi película lo hizo pensar que de haber sabido más en ese momento lo que pasaba no hubiera aceptado el puesto que tenía”.

Recuperar su historia hizo que Alvaro se encontrara con los compañeros de militancia de sus padres, gente que en estos años mantuvo en la mayoría de los casos un silencio cuidadoso que a partir de esta película parece haberse quebrado “El MIR y sus miembros se caracteriza por cierta rigidez y cierta mirada sobre los hechos históricos pero mi relación con ellos ha sido muy cariñosa y han sido generosos en el relato. La película es una búsqueda personal pero además es un rescate de materiales de esos años que me ayudaron a reconstruir la memoria”. Esa investigación lo hizo llegar hasta el conocimiento de la existencia de una militante del MIR que parece haber sido la entregadora de los padres y de muchos otros militantes de la época.

En ese camino Álvaro se encontró con un diario personal escrito por su madre, que era una actriz aparentemente muy comprometida con su carrera. El diario íntimo es una pieza única en la que ya desde la primera página la madre del director hablaba de su muerte y más adelante deja algunas ideas sobre la vida y la militancia.

“La película funciona no sólo como una reconstrucción histórica sino que es además una forma de agradecer a todos los que participaron de aquella red de solidaridad con un niño que se había quedado huérfano. De no haber sido por esa mujer que me anotó cómo hijo natural y que viajó llevándome en sus brazos a Europa, no hubiera sobrevivido. Hacer eso pudo haberle costado la vida a cualquiera de los que participaron en eso”

Entre las muchas cosas que descubre el espectador a lo largo de la película está el hermano de Alvaro un personaje extraño, un ermitaño que incluso rehúsa creer en las patrias, que cambia de domicilio periódicamente.

“Mi hermano construye casas y antes de dejarlas las desmonta. Desarma los lugares en donde vive, no usa celulares, no mira televisión y no descree de la tecnología para no quedar atrapado por el sistema. Esa manera de ser lo acerca mucho a mí”.

En estos días en que se está por cumplir un aniversario más del 24 de Marzo de 1976, el estreno de Venían a buscarme, el documental que comienza con un bebé de un año y medio perseguido por la DINA (la Dirección de Inteligencia Nacional chilena), resulta indispensable para entender lo que ocurrió en el cono sur en la década del setenta.

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