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The Florida proyect es sin dudas una de las películas del año. Sean Baker lo hizo de nuevo, después de su desoladora y a la vez brillante Tangerine vuelve esta vez con algunas de sus obsesiones. Una paleta de brillantes colores, unos niños más que encantadores, un complejo vacacional, un ir y venir de puertas que se cierran y se abren, helados que se derriten al ritmo vertiginoso de esos niños que recorren la pantalla de punta a punta. La melancolía y la angustia, el peso específico de la moral estadounidense, la fuerza de la ley sopesan la ética de unos personajes que casi vencidos, enfrentan la vida aferrándose a valores infrecuentes.

La madre o las madres sin padres soportan como pueden el peso del contexto que margina a aquellos que no forman parte del sistema. Los extranjeros, los marginales, los solos aquellos que bordean el mágico mundo de Disney donde la fantasía y la idiosincrasia americana brilla con todo su esplendor y no deja de ser en el fondo un fuera de campo acartonado, lleno de brillantina y a la vez expulsivo.

Tal vez lo más relevante de una película que nunca pierde la armonía y la cadencia del buen contar (lo mismo sucedía con Tangerine) es que Baker combina sutilmente el comentario político, social y económico con la brillantez y la inocencia de una puesta en escena que acomoda los saberes inteligentemente en cada uno de sus planos. La cámara es la protagonista esencial, es aquella que registra (término que Baker maneja a la perfección) los andares vacilantes de la infancia, los vaivenes de los adultos que miran desde arriba y espían desde abajo, los recorridos de esa madre y de esa hija que no son solo espaciales sino emocionales. El espacio es otra de las grandes preocupaciones del director y recorrerlo en su extensión es la meta de esa pandilla comandada por la fresca y simpática Moone – en una actuación maravillosa de Brooklynn Prince- . Esa pandilla hace del mundo de la fantasía un mundo habitable, al menos por el rato corto, cortísimo que dura la infancia. Ese edificio del condominio, pintado y vuelto a pintar, cubiertas sus manchas de humedad es el espacio que resguarda a esa madres, a esa mujeres que mal o bien se ocupan de sus niños. El edificio los sostiene y los contiene, con sus escaleras que conectan el arriba con el abajo que no alude esta vez a una cuestión de clase. Alli, en ese espacio son todos parecidos, en sus miserias y en sus alegrías, en sus bellezas y en sus espontaneidades.

Cada plano de Baker tiene la información necesaria, precisa en su estecisimo y certera en su ética. Los adultos que rodean a los niños sienten en su propio cuerpo, tatuado, envejecido, camuflado la devastación de una crisis que aún no tiene fin. La crisis es económica pero también es social y su revés de trama es la crisis personal de esos personajes sin rumbo que con solo cruzar la calle se enfrentan con la desigualdad de clase; de este lado los olvidados, los marginados, las madres adolescentes, la abuelas adoptando a sus nietas, los viejos sin rumbo, los negros, los solitarios y de aquel lado una clase social que disfruta de sus vacaciones en Florida y que se fotografían en Disney con sus familias de portaretrato y sus niños rubios. La desigualdad es apabullante, pero la mano de Baker la pinta con la sutileza precisa para no hacer sufrir al espectador innecesariamente.

La falta de padres de alguna manera es asumida por ese gran padre que es el gerente de ese condominio puesto en la piel ajada del magnífico Willem Dafoe; padre de los chicos pero también padre de esas madres casi adolescentes. Es él que controla el condominio pero también es aquel que no puede echar a los flamencos, solo los incita a irse; tal como hace con la mamá de Monne.

La mirada de Baker, como sucedía en Tangerine está teñida de cierto documentalismo. La espontaneidad de las escenas, el concepto sonoro directo, la cámara en constante movimiento, los personajes vivos, llenos de energía y de sinceridad, la palpable cotidianeidad. Documentar la realidad es de alguna manera uno de los objetivos de Baker, hacerlo con inteligencia, con sensibilidad, con belleza, con libertad es una virtud de este director que se vislumbra como uno de los grandes de la contemporaneidad.

PROYECTO FLORIDA
The Florida Project. Estados Unidos, 2017.
Dirección: Sean Baker. Intérpretes: Brooklynn Prince, Willem Dafoe, Bria Vinaite, Caleb Landry Jones, Mela Murder, Valeria Cotto, Christopher Rivera, Macon Blair, Sandy Kane, Karren Karagulian y Lauren O’Quinn. Guion: Sean Baker y Chris Bergoch. Fotografía: Alexis Zabé. Música: Lorne Balfe. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 115 minutos. Apta para mayores de 13 años con reservas.

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