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Richard Linklater es un cineasta ecléctico. Uno puede encontrar puntos comunes en su obra pero si hace un repaso por la misma puede notar a simple vista la diferencia que hay entre películas como las de la trilogía inaugurada con Antes del Amanecer, las del díptico de animación rotoscopiada A Scanner Darklyy Waking Life, una comedia como Escuela de Rock o el extraño y el fascinante experimento coming of age de Boyhood. Todo esto habla de un artista inquieto, con voluntad de expandir su propuesta y no quedarse en su zona de confort. El reencuentro es otro film distinto en su filmografía, un drama intenso, con un trasfondo histórico y político, algunos toques de humor y apoyado fuertemente en lo emotivo y en las interpretaciones de su trío protagónico.

Este trío es reunido por Larry ‘Doc’ Shepherd (Steve Carrell), a quien acaban de comunicar que su único hijo fue muerto en Iraq, y que entonces va a convocar a sus ex-compañeros de Vietnam, Sal Nealon (Bryan Cranston) y Richard Mueller (Laurence Fishburne), a quienes no ve desde hace treinta años, para que lo acompañen a buscar el cuerpo. Es cierto que los tres fueron muy amigos mientras formaron parte de los marines, pero las cosas no terminaron nada bien cuando fueron sancionados por robarse la morfina destinada a los heridos y Doc tuvo que cumplir dos años de cárcel. A pesar de las dudas, (sobre todo de Mueller) ahí están juntos nuevamente.

El trámite del traslado del cuerpo y entierro se va a complicar y el trío va a tener que trasladar el ataúd hasta el cementerio cruzando varios estados. La situación es propicia para los recuerdos y la nostalgia por los tiempos compartidos, para redescubrir esa vieja amistad, pero también para comprobar hasta qué punto la vida los cambió y los convirtió en extraños. Y además para que surjan los inevitables choques, sobre todo entre Mueller, quien ahora es ministro de una iglesia y Nealon, un solterón maleducado y sin filtro que regentea un bar de mala muerte y no se cansa de proferir blasfemias para provocar a su ex-colega. En una película donde los diálogos son esenciales (algo común a las obras de Linklater), gran parte del peso está en las actuaciones y sus tres protagonistas cumplen. Carrel con un sufrimiento contenido, Fishburne tratando de manejar el difícil equilibrio entre su nuevo rol y su vieja personalidad que a veces le aflora y Cranston del otro lado haciéndose cargo del punto de vista más crítico, con el que el espectador se podría sentir más identificado, pero a veces un poco subrayado y pasado de rosca.

Si algo del argumento resuena es porque se trata de la adaptación de una novela de Darryl Ponicsan, el mismo que escribió el libro en que se basóThe Last Detail (El último deber, 1973), de Hal Ashby, un clásico del nuevo cine americano de los 70. En aquel film, dos oficiales de marina debían escoltar a un tercero a una prisión naval para cumplir una condena desproporcionada por una falta insignificante. Esta segunda novela es una secuela de la anterior con los mismos personajes 30 años después. Linklater, sin embargo, declaró que su film no era una secuela del de Ashby y hasta realizó ciertos cambios para despegarse, como cambiar los nombres y modificar en detalles la historia previa.

No obstante este intento de Linklater de poner su film en otro lugar, tiene con su antecesor más de un punto en común. Con este planteo, donde incluso el recorrido es similar geográficamente, ambos films tienen algo de road movie, y ambos comparten a su vez un espíritu antibélico y humanista. De la visión de El Último deber y sobre todo a partir de su desolador final se desprendía una visión muy crítica de los Estados Unidos, del ejército y el patriotismo. Algo que en El reencuentro está presente al principio, en el retrato de los militares, en varias situaciones y diálogos, sobre todo en los de Cranston, el más descreído, que aquí hace el papel análogo al que entonces estaba a cargo de Jack Nicholson. La acción, que transcurre en 2003, se sucede al mismo tiempo que en los noticieros se ven las imágenes de George Bush Jr y de la captura de Saddam Hussein mientras se discuten los motivos de la actual campaña militar, es decir las armas de destrucción masiva que jamás se encontraron. El grupo es escoltado por un joven oficial que era el mejor amigo del hijo de Doc y allí se explicita la idea de unos Estados Unidos en estado de guerra permanente donde es esa experiencia la que termina enlazando a las diferentes generaciones.

Pero, a su vez, una parte de ese espíritu crítico se quedó en el camino. Se trata de una película que habla sobre la amistad y la familia pero también sobre la idea de héroe, de patria y sobre todo qué significa realmente servir al país. La idea de patriotismo está puesta en cuestión pero finalmente los personajes terminan reconciliándose con ella y asumiendo hasta su liturgia de manera muy rápida y no muy convincente. La rebeldía inicial se queda a medio camino y los ideales cuestionados terminan imponiéndose por sobre la crítica en un compromiso que no anula del todo lo que se viene sosteniendo pero se siente como extraño y forzado.

EL REENCUENTRO
Last Flag Flying. Estados Unidos. 2017.
Dirección: Richard Linklater. Intérpretes: Steve Carell, Bryan Cranston, Laurence Fishburne, J. Quinton Johnson, Yul Vázquez, Deanna Reed-Foster. Guión: Richard Linklater, sobre la novela de Darryl Ponicsan. Fotografía: Shane F. Kelly. Música: Graham Reynolds. Edición: Sandra Adair. Duración: 125 minutos

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