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La desigualdad social se puede manifestar de las formas más diversas, hasta en los nombres. En este pueblo de Taiwan los pobres tienen nombres como Pepino, Ombligo, Manzana Dulce o Maní, mientras los ricos tiene nombres en inglés como Kevin. Pero claro, en una sociedad básicamente injusta, esa no es la única manera ni la más sufrida. Ombligo se gana la vida recogiendo desperdicios en un carro como una versión oriental de nuestros cartoneros. Pepino es el sereno de un taller donde se fabrican estatuas de Buda. Pepino tiene a una madre enferma internada. Ombligo no tiene a nadie. Son algo así como amigos y cada tanto se hacen compañía para matar el aburrimiento.

Una de esas noches interminables Ombligo le sugiere a Pepino que miren las grabaciones de la cámara de seguridad del Mercedes de su jefe (el mencionado Kevin), solo para pasar el rato ya que la televisión no anda y así pueden mirar algo mientras comen. La cámara apunta hacia la ruta pero el audio es el del interior del coche así que no ven lo que pasa pero escuchan todo. Así se entretienen con las salidas sexuales de Kevin con diferentes amantes y pasan las noches de voyeurismo hasta que una de esas grabaciones les muestra algo mucho más complicado.

Huang Hsin-yao no solo nos muestra la historia sino que nos la presenta y la comenta en intervenciones en off que hace cada tanto y agregan algunos datos o completan el contexto. Sus intervenciones parecen solo informativas pero muestran cierto comentario sutil sin ser intrusivas. Filmado en blanco y negro, el film reserva el color para las imágenes de la cámara de seguridad que nuestros protagonistas espían. Lo que queda claro es que el voyeurismo no es solo sexual sino básicamente social. El lugar colorido donde hay otra vida pero es para otros.

Hay un humor desencantado y una mirada piadosa a estos pobres tipos que en medio de su vida miserable pueden dar pequeñas muestras de simpatía y solidaridad entre sí. Los ricos tienen para sí los privilegios del dinero, el sexo, las conexiones y la impunidad. El pobre Buda tiene que ser testigo de cómo estos usan su nombre y su imagen en vano con la estatua que el taller está construyendo para inaugurar un templo. Pero quizás, eso queremos creer, se reserve finalmente alguna ruidosa intervención justiciera.

Dà fó pu la si / El gran Buda+, de Huang Hsin-yao (Taiwan, 2017)

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