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Gabriel Bachman era un joven carioca que estaba a punto de ir a hacer un doctorado a Los Angeles, cuando un impulso irrefrenable lo empujó a iniciar un viaje previo a esos ese doctorado. No es que no tuviera razones de peso, en cierta forma le parecía que la idea trabaja sobre el tema de la pobreza y la educación sin conocer el campo de la aplicación de ese trabajo hecho por burócratas era una especie de engaño. También es cierto que la universidad lo había puesto en una lista de espera, así que tenía algo de tiempo antes de ir a Estados Unidos. Ante la sorpresa de su novia y de su grupos de amigos Gabriel se fue por el mundo en un viaje que duró más de una año y que tuvo aun final trágico porque el carioca terminó muriendo en la montaña Mulanje (Malaui) en una excursión que inició con el tiempo contado ya que tenía el pasaje para volver a Río de Janeiro. Una excursión a la que todos los que conocían la zona le recomendaban no hacer en esas condiciones.

La película de Barbosa es un homenaje a su amigo Gabriel, un cruce de ficción y documental ya que algunos de los personajes que Gabriel se encontró en su periplo alrededor del mundo aparecen interpretándose a si mismos. Fernando Barbosa hizo de nuevo a su forma el viaje de su amigo quizás preguntándose qué es lo que lo llevó a perderse en lugares donde pretendía ser tratado como un igual, pero en los que invariablemente se topaba con aquellos que solo tratan de esquilmar a los turistas para finalmente terminar deambulando solo en una montaña inhóspita. Las preguntas de Barbosa quedan sin respuesta, porque el único que puede conquistarlas murió solo en un hueco de una montaña.

Gabriel en la Montañá, de Felipe Barbosa (Brasil/Francia, 2017)

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