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Luz, una taxista de origen chileno, entra en una estación de policía en un estado de excitación y confusión. En un bar cercano, una mujer, Nora, se acerca al Dr. Rossini, psiquiatra policial, y le cuenta de Luz, su ex compañera de colegio, y le pide su “asesoramiento profesional”. No se trata solo de una forma extraña de seducción, Nora está poseída por un Demonio obsesionado con la joven taxista y el Dr. se convierte en presa fácil y nuevo recipiente. Ahora poseído, el Dr vuelve a la comisaría y organiza un experimento de hipnosis sobre Luz para reconstruir los eventos previos.

La experiencia que se establece en la comisaría, da pie a una experiencia cinematográfica igualmente hipnótica. El clima se enrarece cada vez más, los personajes son habitados por otros, hablan con la voz de otros y son agentes de los deseos de un otro. El escenario del salón policial muta en función de los acontecimientos y esa noche transfigurada se bifurca en acontecimientos inesperados, idas y vueltas temporales, apariciones sobrenaturales y revelaciones que se van arrancando de manera inexorable y dolorosa.

La acción presente está ambientada en algún momento que no se especifica pero está entre fines de los 70 o principios de los 80 y toda la estética del film, su textura, su música, su arte, su puesta en escena grita esa época. Pero también grita esa época del cine de una manera más personal, no atada a la fórmula. Luz sería algo así como un film de género, algo así como un thriller o un film de terror, pero donde sus referentes no están tan puestos en el cine de terror norteamericano de los 70 que está en boga y tantos exponentes viene lanzando. Aunque su banda sonora con sus teclados retro tranquilamente pueda parecer firmada por John Carpenter y su locación pueda recordar a Asalto al precinto 13 (1976) pero con otra forma de asedio, Luz recuerda más a los films europeos que acuden al género con especial atención en la atmósfera. Sobre todo recuerda a Una mujer poseída (1981) de Andrzej Zulawski, con sus actuaciones alucinadas y excesivas, su clima de pesadilla y la sensación de algo maligno y a la vez seductor, donde lo demoníaco es una presencia más esquiva pero que lo va contaminando todo.

La ópera prima del alemán Tilman Singer, es un film arriesgado, oscuro en su temática y en su forma. Exige al espectador toda su atención y a cambio lo sumerge en una experiencia onírica y sensorial.

Luz, de Tilman Singer (Alemania, 2018)

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