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Nos vemos ahí?, le pregunté a Sebastián Rotstein, que hoy es guionista y productor, pero que cuando se hizo la primera versión de lo que después se conoció como BAFICI, fue programador y responsable de algunos contactos que supongo que en aquel lejano 1998 sonaban a sueño imposible. Esa clase de sueños que a la hora de cumplirse se transforman en pesadilla. Sebastián es una de las personas que conocí por el BAFICI y que siguen vinculadas a mi vida y el diálogo tenía que ver con un evento que terminó hace algunas horas y al que ambos fuimos invitados porque contribuimos escribiendo para el libro que celebra los veinte años del festival. Los dos coincidimos en que estuvo bien que llamaran a participantes de las distintas ediciones, sin que importen la internas ni la relación que cada uno haya tenido con el festival una vez que se fue. Seguramente que existieron esas internas y las ausencias de algunas firmas dan una pista de algo de eso tan argentino como el choripán que son las grietas, pero por ahora sostengamos la idea de que en “Otoños porteños. Historias del BAFICI en sus primero veinte años” escribió muchísima gente de distintas áreas y distintas etapas del festival y que el espíritu de la convocatoria fue amplío y generoso.

Veinte años pueden no ser nada para el tango pero en nuestras el tiempo que va desde 1998 hasta hoy encierra cambios trascendentes y el BAFICI supo sortearlos adaptándose y llegando hasta hoy. Durante esos años pasaron distintos directores del festival, cambio el signo político de la conducción política de la ciudad, estalló la economía del país, nos recuperamos, crecimos, perdimos la moneda, hubo crisis económicas mundiales, estallaron burbujas inmobiliarias, se jugaron campeonatos mundiales, se crearon al menos una docena de sagas y franquicias en el mundo del cine pochoclero. Se creó un Nuevo Cine Argentino, nació una Nueva Comedia Americana, aparecieron nuevos cineastas asiáticos, hubo un boom del cine iraní, estallaron conflictos de toda clase, surgieron amenazas globales y esa cosa rara llamada Internet pasó de ser una rareza a un instrumento indispensable para el ser humano que hoy a través de ella comercia, consigue pareja, se informa, musicaliza su vida, ve películas y series a tal punto que los televisores pasaron se una caja boba a una pantalla smart. Todo eso ocurrió y el BAFICI está en pie, con debates, por supuesto pero sin dejar de desbordar los límites territoriales. Hay una industria en crisis no sólo por razones políticas coyunturales sino también por los cambios tecnológicos que hacen que nadie entienda demasiado dónde estamos parados, aunque tengamos en claro que siempre se necesitaran contenidos documentales o de ficción para alimentar las distintas plataformas para el entretenimiento que el ser humano necesita como el aire.

Así que el Festival de Cine Independiente edita un libro para hablar de sí mismo a través de un abanico de voces heterogéneo.  El encargado de la edición de ese libro es Diego Papic, que de alguna manera se las ingenió para que convivieran en sus páginas los siguientes nombres: Javier Porta Fouz, Sebastián Rotstein, Carolina Konstantinovsky, Pablo Udenio, Diego Lerman, Rosario Bléfari, Sebastián De Caro, Raul Perrone, Bebe Kamín, Quintín, Ezequiel Acuña, Hernán Rosselli, Roger Koza, James Benning, Celina Murga, Diego Brodersen, Hugo Salas, Juan Villegas Gabriel Medina, Alberto Fuguet, Sergio Wolf, Albertina Carri, Diego Lerer, Jorge Bernárdez, Diego Trerotola, José Luis Cienfuegos, Marcelo Panozzo, Leonardo D’Espósito, Che Sandoval, Rodrigo Moreno, Horacio Bernades, Nicolás Prividera, Luciano Monteagudo, Mariano Llinás y Gustavo Noriega. Cuando charlé con Papic sobe el contenido me aseguró que el libro tiene anécdotas, polémicas, análisis, recuerdos, datos, peleas, héroes y villanos.

Ahora ya pasó la presentación en la que se reunieron tres ex directores (Marcelo Panozzo, Sergio Wolf y Quintín) con el actual director Javier Pôrta Fouz y el editor Diego Papic para charlar y presentar el libro. El encuentro fue en la sala 10 del Village Recoleta y allí bajo los focos potentes de dos luces con las que el festival suele a iluminar a sus invitados y muy pocas veces a quienes lo organizan, los protagonistas dieron una charla con mucho intercambio, cierto tono innegable de familiaridad entre ellos pese a sus diferentes miradas del hecho artístico y a medida que se avanzaba en los recuerdos, los asistentes pudieron enterarse de algunas de las manías de los directores, de las preocupaciones y del estilo diferente de cada uno de ellos a la hora de encarar el armado de cada edición. Los festivales son los que sus directores y si alguien se tomara el trabajo de un estudio exhaustivo de cada una de las ediciones del BAFICI, tendríamos además de un mapeo del cerebro de quienes lo dirigían en ese momento.

Los que estuvimos en esa sala participamos de una charla con algo de performance y el recuerdo de algunas anécdotas que pintan la clase de chifladura con la que cargamos todos los involucrados de alguna manera en este mundo. Directores que piden pasar materiales que nadie sabe de qué se tratan, otro que se instaló en un pasillo del Shopping Abasto con su computadora para mostrar cómo construyó la casa y logró que una treintena de personas que ni siquiera conocían las películas de este artista hoy recuerden esa experiencia realizada fuera de la sala. En el rato que duró el encuentro incluso hubo espacio para el debate sobre cosas que hacen al futuro del cine o a los criterios de selección de temáticas e invitados. Sobre el final apareció una anécdota que podría transformarse en una comedia a estrenarse en un futuro BAFICI, en el que un funcionario de una embajada exige una alfombra roja con una multitud para recibir a una actriz consagrada y que el festival usara a muchos de su equipo para que hicieran de extras en ese momento de recibimiento de la actriz en cuestión, mientras el resto del festival quedaba vacío de atención.

El libro ya está a la venta y en sus páginas hay algunos recuerdos emocionados, pases de factura, reconocimientos, varias anécdotas personales e historias de vida algunos de los que dejaron en estos veinte años de BAFICI horas de sueños, vidas familiares más o menos maltrechas, obsesiones y conocimientos para que el festival siga siendo año tras año vanguardista y a la vez custodio de una tradición.

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