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Toda la elegancia y pulcritud de un investigador juegan con la rugosidad y colorido del archivo audiovisual. Constituyendo una ardua partida, de fuerzas e intelecto, que se reescribe (para muchos contemporáneos) como algo más que una simple mención en un manual. Los hechos de la historia necesitan ser contados, de todas las maneras posibles, buen síntoma es ésta cinta. Poner juicios sobre los hechos será tarea (o no) de las generaciones testigo. Ardua y confusa tarea, me limitare a dar cuenta de apenas si un detalle de la espesura y complejidad que este trabajo audiovisual condensa. Sobre el tablero de juego que la imagen-sonido habilita, se sumará la velocidad-movimiento que se hace presente en el argumentar de todos los personajes expuestos. Dando testimonio en primera persona entregan no solo los dichos, una compleja maraña de habladurías se consolida en una opaca (pero llevadera) plataforma de monólogos. Una de las cosas más admirables de la puesta es como, conscientemente, se da protagonismo activo y se habilita una imagen sonido que permite hacer hablar a los espacios: edificios santuarios de la historia Argentina.

Un enfrentamiento que de singular ya tiene solo el recuerdo de un prejuicio, síntoma resultado del proceso de descomposición de una institución tan compleja y distante como lo son las fuerzas armadas. Un relato que tiene sus héroes y sus villanos, hombres de carne y hueso, como también sus monstruos y la participación estelar del pueblo. Aquella masa desbordada que aun hoy en día recuerda el dulce aroma de la primavera Alfonsinista.

Esto no es un golpe, de Sergio Wolf (Argentina, 2018)

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