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Joaco es un chico común de un barrio del conurbano. Sus intereses pasan por la música, pasar un rato con sus amigos y tratar de seducir a la chica que le gusta. Pero cuando parece que esto último se le va a dar, la chica desaparece en el medio de la noche sin dejar otro rastro que un reguero de sangre. A partir de allí, la vida de Joaco se transforma literalmente en una pesadilla, acosado por fuerzas oscuras y la amenaza de una catástrofe inminente de orden sobrenatural.

Los jóvenes y adolescentes son protagonistas privilegiados de cierto cine de terror, generalmente como víctimas con pocas luces de asesinos psicópatas enmascarados o de alguna entidad fantasmal o demoníaca, donde la creatividad, cuando la hay, está puesta en la forma rebuscada en que se despachan. No es el caso de Y abrazáme. Esta primera película de Javier Rao es un film de terror original, incluso para los parámetros del cine de terror argentino, muchas veces preocupado en reproducir los lugares comunes de alguno de los múltiples subgéneros.

Por el contrario, si uno quisiera encontrar referentes quizás pueda ubicarlos no tanto en el cine argentino de género sino en la literatura, como en los cuentos de Mariana Enríquez o Samantha Schweblin. Hay sí, un reconocimiento (explícito) a un film que puede funcionar de referente como La araña vampiro de Gabriel Medina, con quien comparte cierto espíritu de generar terror a partir de una propuesta minimalista y enfocada en los climas.

Ambientada en la zona sur del conurbano, sus protagonistas son jóvenes que, se juntan escuchar música, a comer un asado, a fumar porro o tener sus charlas banales y sus escarceos amorosos de una manera natural y fluida. Rao construye en ese ambiente reconocible un verosímil para que la emergencia de lo sobrenatural y el terror se sienta mucho más disruptiva y a la vez cercana, una forma efectiva y angustiante de irrupción de lo siniestro ligado entonces a lo familiar, incluso lo trivial, impregnándolo, Su protagonista convive con  ello, lo habita, hasta que lo cotidiano queda finalmente subvertido.

Rao prescinde de los sobresaltos y los trucos más predecibles y apuesta todo a la construcción paciente de una atmósfera donde no hay refugio posible porque la oscuridad que lo acecha puede hacer su irrupción en cualquier situación y en cualquier momento. Ni el protagonista ni el espectador saben hasta qué punto lo que están viendo es una manifestación del mal, es una pesadilla o una alucinación, pero  el miedo es real.

Y abrazáme, de Javier Rao (Argentina, 2017)

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