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Desbordado, deforme, culto, voraz, Marco Ferreri desarrolló su carrera en un gran momento del cine europeo entre los 60 y mediados de los 90, una etapa histórica en la que el cine tenía un peso específico en el mundo de la cultura y en la que un estreno podía provocar conmoción social. Cualquiera que tenga más de cincuenta años puede recordar que un estreno de cuando eran niños podía provocar arduos debates. El cine tenía peso en la vida real, la gente se desmayaba viendo El exorcista, temía entrar al agua tras ver Tiburón o podía terminar un festival de cine a las trompadas o peleando a los gritos cómo ocurrió en Cannes cuando se estrenó La gran comilona.

Ferrari era el director central de esos años a la hora de crear controversias y de provocar a la sociedad y muchas de sus últimas películas adelantan la temática de género de manera brutal.

La lúcida locura de Marco Ferreri es un documental en la que hablan los actores que lo han sobrevivido y se ven imágenes de esas épocas bulliciosas y explosivas en las que Mastroianni, Tognazzi, Piccoli y Andrea Ferreol eran actores conocidos fuera del viejo continente y a los que Ferreri llamaba de manera habitual para hacer películas provocadoras que hoy no queda claro si conseguirían financiación. Es extraordinario ver a Marco Ferreri lamentarse de que los críticos no hablaran con él sobre cine sino que insistieran con sacarle temas económicos o sociológicos. Ferrari era un favorito de los Cahiers y justamente, es Sergue Toubiana, quien fuera director de la mśitca revista, el que cuenta que para la revista era un director fundamental.

La lucida follia di Marco Ferreri, de Ansalela Dell’Olio (Italia, 2017)

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