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“En un país todo agricultor, como es el que habitamos, el cultivo de las tierras bien o mal dirigido decide la riqueza o indigencia no sólo de los labradores, sino también en general de todas las clases”. Manuel Belgrano.

Desde el 2002 la filmografía de Pino Solanas, actual Senador Nacional por la Ciudad de Buenos Aires, se centró en denunciar la crisis argentina del siglo XXI compuesta por ocho largometrajes: Memoria del saqueo (2004), La dignidad de los nadies (2005), Argentina Latente (2007), La próxima estación (2008), Oro impuro (2009), Oro Negro: Tierra sublevada (2011), La Guerra del fracking (2013) y Viaje a los pueblos fumigados(2018).

Su último trabajo, exhibido en el Festival Internacional de Berlin, sección Berlinale Special y en el reciente Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) 2018, pone en agenda un tema sensible y preocupante: la contaminación ambiental por las fumigaciones con agrotóxicos sobre los alimentos que ingerimos. La gravedad de las secuelas en la tierra y los problemas de salud que trae aparejados, muestran la falta de control y regulación sobre el tema.

A partir de un viaje al Norte del país, el director recorre siete provincias donde toma diversos testimonios sobre la expansión del modelo agropecuario en base a transgénicos (sustancias químicas y agrotóxicos), que favorecen, ya no al campo ni a los pequeños o mediano productores, sino a empresas multinacionales, como Monsanto, las cuales aumentan su rentabilidad y capacidad de exportación de granos, carnes y alimentos. La ganancia se hace a costo del monocultivo, desechos tóxicos al agua, desempleo, deforestación e inundaciones. La permanente fumigación del suelo para mantener en alza la producción, no tiene en cuenta a la población, lo cual provoca severas malformaciones, graves problemas de salud y muerte por contaminación.

“La más inocente ensalada, dice Solanas, ha sido rociada con 10 a 15 pesticidas y no hay control. La publicidad “vende” los alimentos por lo que aparentan y no por lo que son. Se compra por lo que se ve y se consume sin saber lo que se come. Aunque se coma en casa, el peligro de contaminarse existe porque nadie sabe qué está comiendo ni cómo o con qué se hizo”.

Divido en diez capítulos temáticos, Pino Solanas construye un relato clásico desde lo formal, con imágenes de las plantaciones (soja, cereales, hortalizas), pueblos rurales y taperas despobladas, que acompaña con su voz en off. Las entrevistas a distintos especialistas sobre el tema se intercalan como marco conceptual, y se da lugar a testimonios de los damnificados, entre ellos, la comunidad indígena de los wichis, que denuncian la desprotección y el despojo de su tierra, sin ningún tipo de compensación ni respeto a sus raíces.

Viaje a los pueblos fumigados apela a la concientización de un espectador que no puede ni debe ser ajeno al tema, al contrario, el documental lo va involucrando no sólo en la problemática sino también lo instruye en las diversas alternativas que fueron surgiendo como solución, entre ellas, la eco-agricultura para producir alimentos orgánicos y saludables.

Sin dejar de lado el discurso político, ni la forma apelativa que lo caracteriza, Solanas se vuelve un interlocutor- denunciante de un Estado financiado por la soja, que carece de soberanía alimentaria. Hacia el final, invita a unirnos para enfrentar, de una vez por todas, el ninguneo y la irresponsabilidad de quienes deberían cuidarnos.

VIAJE A LOS PUEBLOS FUMIGADOS
Viaje a los pueblos fumigados. Argentina, 2018.
Dirección: Fernando Solanas. Guion y relatos: Fernando Solanas. Dirección de fotografía y cámara: N. Sulcic, F. Solanas. Montaje: J.M. Del Peón, J.C. Macías, A. Ponce, N. Sulcic, F. Solanas. Edición de color: Juan Solanas. Música original: Mauro Lázzaro. Dirección de sonido: Tomás Bauer. Duración: 98 minutos.

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