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Contar con las entrevistas de Sandro y filmaciones de sus giras permite pensar que Yo, Sandro podría ser un documental total sobre uno de los grandes mitos de la canción en la Argentina. Sandro de Parque Patricios al mundo, Sandro el hombre que fue nuestro Elvis, el que provocó que se lo censurara y lo acusaran de pornográfico por sus movimientos lascivos de pelvis, el que compró un boliche llamado “La cueva” y se transformó en cierta forma en el mentor de una generación que después fue la base de lo que se conoció como rock nacional.

Sandro fue eso y mucho más y el documental dirigido por Miguel Mato apenas alcanza para mostrar algo de todo eso, porque no es que falten cosas pero el final deja con ganas de más. Uno puede entender que se imprima el mito y que se mantenga oculta la vida que el propio Roberto Sánchez se encargó de mantener oculta, que apenas aparezca una referencia sobre el cigarrillo cuando el mismo dice que aceptar es primer cigarrillo que le ofrecieron diciéndole “tomá y hacete hombre” fue el mayor error de su vida, pero hay mucho metraje de cada una de sus películas y opiniones que no aparecen.

A cambio de eso aparece José Luis Rodriguez contando cómo una telenovela en la se usó “Mi amigo el Puma” cambió su carrera y un momento glorioso en el que Sando cantó en el Madison Square Garden y se escucha a Cacho Fontana presentándolo de manera triunfal para la transmisión vía satélite a toda América.

Una hora y diez minutos de Sandro en pantalla, una muestra de su carisma desbordante aunque estaría faltando un análisis que vaya más allá de la leyenda conocida.

YO, SANDRO
Yo, Sandro. Argentina, 2018.
Dirección: Miguel Mato. Intérpretes: Carlos Portaluppi, Daniel Valenzuela, Celeste Geréz y Patricia Rojo. Distribuidora: 3C Films Group. Duración: 72 minutos.

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