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Qué hace falta para jugar un partido de fútbol? Inglaterra no trajo el juego, espacio de educación y recreación que atraviesa a toda la sociedad rioplatense, sin distinción de edad, clase o sexo. Palpitando épocas convulsionadas, una crisis de representación política en puerta, sumado al tanque del mundial que ya desembarca en nuestras pantallas, el ejercicio de Montalbano resulta por demás oportuno.

No es coincidencia que ante semejante espectáculo mediático (bacanal y mesa de negocios de las potencias y sus colonias) nos replanteemos la Argentinidad. Hay un desfasaje evidente, molesto y materialmente incidente, entre la algarabía del espectáculo y nuestra agenda agitada por la preocupación de una economía rota y una clase dirigente que ya no puede disimular su farsa constitutiva.

El grotesco criollo se consolida a través del tiempo como un eficiente estilo de representación de nuestra enmarañada y monstruosa identidad nacional. Terreno de aporía y constante crisis, Montalbano se monta sobre el collage para conformar con desenvoltura, merito de un gran trabajo colectivo, una puesta en escena tan atractiva y dinámica como lúdica. Un colorido escenario se puebla de enérgicas “figuritas”, superalbun de figuritas Billiken. Una Buenos Aires colonial donde desfilan rostros contemporáneos en disfraces bien confeccionados.

El juego de la superposición permite no desvincular el rostro de aquellas figuras, Jose Chatruc, Fernando Cavenaghi, Matías Martin, entre otros, para confeccionar una diégesis resolutiva. El universo que nos presenta Montalbano supone la actualidad y con ella reescribe la historia de las invasiones inglesas. Gran parte de los gags más convincentes son la articulación del presente con aquel lejano pasado, el uso del lenguaje y los modismos más propios de nuestra idiosincrasia dicho por los estereotipos “figuritas” del pasado.

Los Ingleses traen la pelota para encandilar a los criollos, su estrategia de invasión cultural no contaba con la demente pasión de los habitantes de estas tierras lejanas. Nuevamente nos encontramos ante el velo del espectáculo, la batalla por las reglas está en juego, pero la pelota y la cancha son nuestras. El estilo quijotesco de San Pedrito (Diego Capusotto), mezcla razonables conjeturas con el ímpetu desquiciado tan propio de los genios. Estilo crítico, monstruoso y apasionado que caracteriza tanto a nuestra lucida idiosincrasia como al más sano cine argentino.

NO LLORES POR MÍ, INGLATERRA
No llores por mí, Inglaterra. Argentina/Uruguay, 2018.
Dirección: Néstor Montalbano. Guión: Néstor Montalbano y Guillermo Hough. Intérpretes: Gonzalo Heredia, Mike Amigorena, Laura Fidalgo, Diego Capusotto, Mirta Busnelli, Luciano Cáceres, Fernando Cavenaghi, José Chatruc, Fernando Lúpiz, Roberto Carnaghi. Producción: Esteban Lucangioli y Araquen Rodríguez. Distribuidora: Digicine. Duración: 90 minutos.

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1 Comentario

  1. Si por Padre de la Patria reconocemos a quien inició la patria, no hay ninguna duda que Santiago de Liniers merece ese nombre porque el salvó el territorio de lo que después fueron Argentina, Uruguay Paraguay y seguramente Chile y el Alto Perú con dos epopeyas porteñas, la Reconquista y Defensa de Buenos Aires., así lo vivieron Buenos Aires y Montevideo, pero también Paraguay que preparó una expedición Militar al mando de los comandantes Yegros y Cabañas, futuros próceres de la independencia paraguaya y vencedores de Belgrano durante las primeras campañas militares de la revolución de Mayo. Asi lo vivió Potosí, actual Bolivia que mandó una copa de plata como agradecimiento por habernos salvado del invasor extranjero. Objeto que aun hoy se puede admirar en el Cabildo de Buenos Aires, asi lo vivió Chile, destinatario de otra invasión británica si hubiera triunfado la de Buenos Aires, que incluso mandó doscientos voluntarios para engrosar las filas de Liniers que por una cuestión de distancia llegaron con Manuel Dorrego a la sasón estudiante de derecho en Chile y oficial subalterno de ese contingente, tarde ya que los Ingleses ya se habían rendido por segunda vez en Buenos Aires. También lo supieron las provincia del interior del Virreinato que concurrieron con hombres armas y municiones a la defensa de Buenos Aires o a la custodia de los prisioneros británicos de la primera invasión inglesa repartidos en todos lados, vinieron milicianos de San Luis de la Punta, de Mendoza de San Juan de Salta destacándose el joven Alférez Martín Miguel de Güemes. De la provincia de Corrientes con tercio propio los Cazadores Correntinos y hasta los Blandengues que custodiaban las fronteras en ambas márgenes del Plata y los indios pampas que se ofrecieron para combatir a los walichos como designaban en su lengua a los ingleses. Vinieron todos y formaron el Tercio de Arribeños junto a los porteños y sus tercios de Patricios, Húsares de Pueyrredón, Gallegos, Asturianos, Montañeses, Castellanos, Quinteros, Catalanes, Migueletes Veteranos del Fijo y los esclavos, gente del pueblo, indios pardos y morenos. A todos convocó Liniers y a todos lideró en el combate. En ese momento no se jugaba la Corona de España ni la independencia, se jugaba la lengua la religión las costumbres y tradiciones y todos los elementos que estaban conformando un ser nacional argentino y Rioplatense, se jugaba nada menos ser o no ser argentinos, aunque también, se fundaba la autonomía porque Liniers fundó un ejército propio que después de Mayo sería patrio, fue elegido por un Cabildo americano y una junta de Guerra Virrey y Capitán General, trató el directamente con poderes extranjeros y Generales Británicos y gobernó como pudo el vasto Virreinato. Liniers no nos dio patria pero preparó su nacimiento y paradojicamente murió al parirse la Patria fusilado por los hijos que preparó a la victoria, ¿Merece o nó ser considerado también un Padre de la Patria, y dejar de considerarlo un traidor?.

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