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Hace unos años el artista vanguardista Helmut Lachenmann montó en el Teatro Colón una ópera que tenía como base a “La vendedora de fósforos”, del alemán Hans Christian Andersen. La película de Alejo Moguillansky (El escarabajo de oro, El loro y el cisne, Castro, La prisionera), parte de ese suceso para construir un relato que tiene como protagonistas a una pareja: Walter (Walter Jacob), contratado para hacer la regié de la ópera y Marie (María Villar), que sobrevive como acompañante de una gran pianista (Margarita Fernández).

Problemas económicos, una hija que se cría como puede entre los dos -la nena se entretiene viendo en la tele Al azar de Baltazar, de Robert Bresson- y la obra que incluye a un foco guerrillero de la Alemania de los setenta va desandando la puesta entre conflictos gremiales de la orquesta y afuera, todos los problemas sociales que se filtran en el augusto teatro.
Una niña que va camino a ser la niña de La vendedora de fósforos del presente, movimiento frenético de los personajes, apuro, zozobra (a la manera de Castro, ganadora de la 11º edición Bafici), realismo en falsete, apelaciones a lo onírico y homenajes. Puro y genuino placer cinéfilo.

Esta reseña fue publicada en ocasión del estreno de la película en el Bafici 2017, en donde ganó la Competencia Argentina.

LA VENDEDORA DE FÓSFOROS
La vendedora de fósforos. Argentina, 2017.
Guión y dirección: Alejo Moguillansky. Intérpretes: María Villar, Walter Jakob, Helmut Lachenmann, Margarita Fernández y Cleo Moguillansky. Fotografía: Inés Duacastella. Música: Helmut Lachenmann. Edición: Alejo Moguillansky y Walter Jakob. Sonido: Marcos Canosa. Duración: 71 minutos. Estreno en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Corrientes 1530).

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