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En 2002 en Medellín, Colombia, el padre de Laura Mora fue asesinado a balazos por un sicario. El asesino nunca se identificó, el caso nunca se aclaró, perdido entre los miles de casos similares. Laura Mora tuvo que procesar su pérdida, la falta de justicia y de respuestas. Mas de quince años después con este, su segundo largometraje, la realizadora puede elaborar este hecho dentro de su obra y usarlo como punto de partida. El origen del film es situado por Mora en un sueño que tuvo donde un joven se le presentaba con la siguientes palabras: “Yo me llamo Jesús y maté a su papá”. A partir de ahí, imaginó una situación hipotética que le da a su film un carácter que es en parte autobiográfico pero hasta cierto punto y en parte es pura ficción pero inspirada en hechos reales.

Paula (Natasha Jaramillo), la protagonista de Matar a Jesús, suerte de alter ego a medias de Mora, al igual que esta, es una estudiante universitaria. Su padre, profesor de la misma universidad, es asesinado en la calle por un sicario, pero a diferencia del caso de la realizadora, ella está con él en el momento del asesinato y puede ver (sin ser vista) el rostro del asesino. La investigación policial no avanza, el caso se estanca y Paula entra en una depresión motivada por la necesidad de justicia y la desesperación. Tiempo después, en una discoteca, se encuentra con el asesino (Giovanni Rodríguez) quien no la vio en aquel entonces y por ende no la reconoce. Se acerca a él, este se presenta como Jesús y Paula entabla con él una relación de amistad con la idea de matarlo cuando se le presente la oportunidad.

Mora se monta en este supuesto, en este que hubiera pasado si, y lleva adelante su premisa. Pero lejos de presentarla como una venganza imaginaria y compensatoria, lo que hace es abrir preguntas y dar cuenta de que las cosas no son tan simples como su protagonista cree en un principio. En esto se diferencia de gran parte de las películas de venganza que ofrece Hollywood que ven en la misma una simple reparación por la vía del escarmiento, y en donde ambos lados se achatan y deshumanizan. Allí los criminales son convertidos en seres amorales y fuentes de todo mal, cuyo exterminio pone las cosas a mano, mientras que los víctimas/vengadores se convierten en en justicieros casi sobrenaturales transformados de personajes comunes e indefensos en aceitadas máquinas de matar gracias al entrenamiento y la voluntad de justicia/venganza (suponiendo que sean lo mismo). Por el contrario para Paula rápidamente queda claro que matar a alguien no es tan fácil ni tan simple, por lo menos no para alguien como ella y que entrar en ese viaje no es sin consecuencias.

A medida que empieza a compartir tiempo con él, Paula ve que Jesús no es solo el sicario que disparó a su padre por una paga X. Es también otras cosas, tiene una historia de vida, un pasado, una serie de relaciones cotidianas y un entorno, que no difiere mucho del de tantos jóvenes marginales en su misma situación, pero que lo determina. En sus propias palabras, Jesús hace lo que le mandan, es apenas un instrumento de algo más grande, cuyas ramificaciones desconoce. En ese recorrido Paula se replantea además cuestiones acerca de si misma, de su vida, de la situación en sí, la marginalidad y la violencia. La necesidad de Justicia pero también la necesidad de entender que se choca con su propia imposibilidad. Jesus mata porque es lo que le dicen que haga y no hay más que pueda decir. Para buscar más habría que ver más arriba, en otro lado.

Matar a Jesúsforma parte de una tradición del cine colombiano, de películas sociales que toman el tema de la marginalidad y la violencia, que tiene en Víctor Gaviria (La vendedora de rosas) un referente que Mora reconoce. La realizadora echa mano aquí de varios de esos recursos en pos del realismo, como la cámara en mano, la filmación en las calles, el lenguaje cotidiano y local, y sobre todo el empleo de actores no profesionales, en algunos casos sacados del mismo entorno marginal que se retrata. Pero lo más interesante de su película es que Mora utiliza su premisa basada en una tragedia personal, no para ajustar cuentas ni para cerrar la discusión, sino para dar cuenta que la realidad de su país es compleja y que las cosas no son en blanco y negro. Una mirada más amplia, como la que sus personajes tienen de la ciudad cuando se encuentran arriba del cerro. Y también para seguirse preguntando aun sabiendo que, al igual que en su propia experiencia, hay que convivir con la falta de respuestas.

MATAR A JESÚS
Matar a Jesús. Colombia, Argentina. 2017:
Dirección: Laura Mora. Intérpretes: Natasha Jaramillo, Giovanni Rodríguez, Camilo Escobar, Carmenza Cossio, Juan Pablo Truj. Guión: Alonso Torres, Laura Mora. Fotografía: James L. Brown. Edición: Leandro Aste. Música: Sebastián Escofet. Dirección de Sonido: Guido Berenblum. Producción Ejecutiva: Javier del Pino, Nancy Fernandez. Producción: Alex Zito, Juan Pablo García, Ignacio Rey, Maja Zimmermann. Producción Ejecutiva: Pola Zito, Javier Del Pino, Nancy Fernandez. Distribuye: Primer Plano. Duración: 95 minutos.

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