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Cinco amigos treintañeros en noche de juerga discuten un posible viaje los cuatro juntos escapando de las obligaciones de la madurez. La noche se va terminando y Luke (Rafe Spall) quiere seguir la gira pero en el resto no hay entusiasmo. Consigue al menos que Robert (Paul Reid) lo acompañe a un minimercado a comprar más alcohol mientras el resto espera afuera. Llegan en mal momento porque se está produciendo un asalto en el local. Luke alcanza a esconderse pero Robert no tiene tanta suerte y termina muerto bajo el machete de uno de los asaltantes. Varios meses después, el trágicamente devenido cuarteto viaja al norte de Suecia a recorrer sus montañas, el mismo destino que el finado había propuesto, menos como unas vacaciones que como un homenaje al caído. Cuando están emprendiendo el regreso a pie a la hostería distante varias horas deciden cortar camino por el medio del enorme bosque. Muy mala idea porque la noche se viene encima, su sentido de la ubicación va a ser trastocado y una presencia los va a acechar en el bosque en forma de lo que podrían ser lugareños hostiles afectos a ritos antiguos o quizás alguna de las entidades a las cuales estos rinden culto.

El ritual es el primer largo dirigido íntegramente por David Bruckner después de haber colaborado en los films por episodios VHS (2012) y Southbound (2015) y constituye una agradable sorpresa. Un film de terror pequeño e independiente, filmando en su mayor parte en exteriores, con pocos personajes, apoyado sobre todo en una lograda atmósfera y actuaciones creíbles. No es excesivamente original en su planteo pero es eficiente en su desarrollo. Los referentes están ahí a la vista. Uno puede remitirse a The Blair Witch Project (1999) en la situación desesperada de estos tipos perdidos en el bosque mientras algo los va cercando, algo que también recuerda a La bruja (2015) en el papel ominoso del bosque.

Se puede ubicar a El ritual en ese subgénero llamado Horror Rural, donde la naturaleza es protagonista y antagonista y el terror está en el personaje urbano que se pierde en todo sentido, o mejor aún se extravía, geográficamente y mentalmente en ese entorno que le resulta tan incomprensible e inabarcable como amenazante. En ese mismo subgénero se ubican también películas como El hombre de mimbre (1973) o Kill List (2011) que se emparentan con el film de Bruckner en la apelación al paganismo y también en el desarrollo fatal de la encerrona en que los protagonistas van cayendo sin darse cuenta o dándose cuenta sin poder hacer nada para evitarlo.

Además de un film de terror, El ritual es una película sobre la culpa y sobre la redención. Y la carga más pesada de la culpa la lleva el personaje de Luke, quien además de seguir vivo se siente responsable por haber metido a su amigo en esa situación y haberlo abandonado en un acto de cobardía. Los sueños y alucinaciones que lo persiguen, o que proyectan sobre él, remiten a esa noche y a ese episodio.

Y también es una película sobre la amistad en su cara más fea, la de sus límites, sus supuestos y sus imposturas. Los cuatro amigos están ahí, en el lugar que el muerto hubiese querido, como una forma de homenaje y también de expiación y puesta en escena. El ritual del título puede aludir tanto a los ritos paganos de los lugareños hostiles como a los rituales establecidos de la amistad masculina, con las provocaciones y las apelaciones a la fidelidad y la incondicionalidad, que a medida que la trama avanza demuestran ser bastante endebles. Este planteo puede parecer algo previsible pero los actores lo hacen verosímil y así se van sucediendo naturalmente la desesperación y el progresivo pero rápido deterioro de su relación. O el desenmascaramiento de quienes son en realidad y lo que piensan el uno del otro.

Bruckner escatima hábilmente la visión del o los perseguidores pero dando cuenta de su constante presencia, reservando la gran entrada para el momento adecuado. El clima se va construyendo pacientemente y, así como los protagonistas, el espectador también va siendo guiado de manera inexorable y fatal.

EL RITUAL
The Ritual. Reino Unido. 2017.
Dirección: David Bruckner. Intérpretes: Rafe Spall, Rob James-Collier, Sam Troughton, Arsher Ali, Paul Reid. Guión: Joe Barton, sobre la novela de Adam Nevill. Fotografía: Andrew Shulkind. Música: Ben Lovett. Edición: Mark Towns. Dirección de Arte: Ghinea Diana. Producción: Jonathan Cavendish, Richard Holmes, Patricia Poienaru, Ron Ames. Producción Ejecutiva: Phil Robertson, Andy Serkis, Chloe Sizer, Will Tennant. Diseño de Producción: Adrian Curelea. Distribuye: Digicine. Duración: 94 minutos.

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