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Sabrina Farji debutó en el largometraje de ficción con Cielo Azul, Cielo Negro (2003), co-dirigido con Paula de Luque, y continúo su carrera ya en solitario con Cuando ella saltó (2007) y Eva & Lola (2010). Desmadre, fragmentos de una relación es su debut en el largo documental aunque aplica también recursos del cine de ficción que en este caso enriquecen la propuesta. El tema del documental es la maternidad o más precisamente las relaciones entre madres e hijas, pero lo interesante es que Farji no lo encara desde un punto de vista abstracto o genérico sino que lo que decide es poner el cuerpo. En consonancia con el auge de documental en primera persona, que dio algunos de los mejores ejemplos del género en el cine argentino de los últimos años, la realizadora pone en juego su propia subjetividad, se coloca a sí misma en el centro no solo como narradora sino como protagonista y comparte además ese protagonismo con su propia madre y sus dos hijas.

Para encarar el tema la realizadora va de lo particular a lo general para, desde la puesta en escena de sus propios vínculos, entender mejor lo que puede haber de universal en los mismos. Y si hablamos de puesta en escena es porque efectivamente algo del cine de ficción también entra en juego. Las cuatro mujeres viajan a Paraná, la ciudad de origen de la madre y viven allí diferentes situaciones como la visita a parientes, a la casa de niñez de la madre o una excursión de pesca a orillas del río. Situaciones planteadas que tienen algo de puesta en escena al punto que en un momento se genera la discusión entre Farji y una de sus hijas acerca de cuánto de los que están haciendo es realmente documental o ficción y en qué medida todo no es en realidad ficción.

Al mismo tiempo entra en juego el azar y lo imprevisible, algo que no sorprende tratándose de las relaciones. Allí toma sentido el juego de palabras implícito en el título: el film se desmadra, adquiere vida propia más allá de las intenciones iniciales y de la voluntad de control o no de su autora. Pero Farji no retrocede ante ello porque una vez planteada la dirección a seguir y más o menos clara la premisa decide seguirla hacia donde está la dirija. Ante la emergencia de la tensión y el conflicto no le rehúye y deja que este hable con todo lo lindo, feo, gracioso o incómodo que tenga para decir. En su compromiso como realizadora no teme exponerse o quedar mal parada, o incluso ceder la voz. Así es como una de sus hijas, la que más le discute y la cuestiona, es la encargada de la segunda cámara y sale a filmar y decir lo que tiene que decir sin ninguna diplomacia, con lo cual el film pasa a convertirse en un documental en primera persona pero del plural.

Justamente el conflicto es todo lo problemático que uno puede reconocer en la vida cotidiana pero también es una de las bases de un buen relato y rinde muy bien en pantalla. Las escenas de conflicto, discusión y palos sutiles o enfrentamientos directos entre Farji y su madre e hijas pueden ser embarazosas pero también muy divertidas alcanzando a veces ribetes desopilantes. De ahí el otro elemento que hace interesante el film es la presencia del humor, que aunque no se lo esté buscando en el momento del rodaje, la realizadora tuvo el buen criterio de reconocer su valor y aprovecharlo. A favor de este resultado están los personajes, si cabe llamarlos así, ya que la madre y las hijas tienen una riqueza y un protagonismo que rivaliza y por momento supera el de la directora.

Hay algunos recursos más propios del documental más clásico, como entrevistas a varias mujeres que responden a preguntas acerca de sus propios vínculos como madres e hijas

como una forma de abarcar o completar el tema para terminar dando cuenta precisamente de lo inabarcable del asunto. En el mismo sentido están las entrevistas a profesionales varios, entre otros un biólogo, una pediatra, una psicóloga, y hasta un terapeuta transpersonal. Pero donde este recurso mejor funciona es cuando se lo refiere a los vínculos particulares como cuando al terapeuta transpersonal, que ya es un personaje de por sí, analiza la relación entre Sabrina y su hija.

“No sabes en lo que te metes” se ve que le dicen a Farji cuando habla del proyecto. Si no sabía dónde se metía, en todo caso demuestra que supo qué hacer con ello. No se avergüenza ni se amilana (o por lo menos no lo demuestra) y va de frente ante lo que le surge. Así es cómo logra uno de los documentales más originales y frescos del reciente cine argentino.

DESMADRE, FRAGMENTOS DE UNA RELACIÓN
Desmadre, fragmentos de una relación. Argentina. 2017
Dirección: Sabrina Farji. Intérpretes: Leonor Schlimovich, Zoe Trilnick Farji, Joelle Levy Farji, Sabrina Farji. Guión: Sabrina Farji. Fotografía: Connie Martin. Música: Karina Camporino. Edición: Ezequiel Brizuela. Producción: sabrina Farji. Producción Ejecutiva. María Vacas. Duración: 73 minutos.

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