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Cada tanto aparecen, en el pujante cine argentino hay lugar para todo el mundo, incluso para películas como El espanto, relatos etnocéntricos (el centro es Buenos Aires, claro) que incursionan en el “Interior profundo” para extraer rarezas, perlas provincianas que dan cuenta de lo bien que se está acá (Buenos Aires, claro), lejos de la barbarie.

El documental es sobre un pueblito en donde sus habitantes se curan solos, donde buena parte de la gente ejerce de manera natural y solidaria distintas recetas para curar diferentes males. Podría ser un film que se asoma a otra realidad para contarla desde la perspectiva de sus realizadores. Y efectivamente, El espanto es eso y sin lugar a dudas los directores son honestos al ir profundizando su mirada, pero llena de prejuicios, para extraer viñetas simpáticas de los “personajes” que aparecen dando su testimonio a cámara.

Planos fijos de los protagonistas mostrando su pintoresquismo, edición taimada para demostrar su falta de mundo -la puesta del casamiento es el ejemplo cabal de la mala leche-, remarcaciones patéticas para pintar la supuesta ignorancia de los pueblerinos y así. Definitivamente, un film miserable.

Esta reseña fue publicada en ocasión del estreno de la película en la Competencia Argentina del BAFICI 2017.

EL ESPANTO
El espanto. Argentina, 2017.
Guión y dirección: Pablo Aparo y Martín Benchimol. Fotografía: Fernando Lorenzale. Edición: Ana Remón. Sonido: Manuel De Andrés. Duración: 67 minutos.

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