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Es la tercera película que veo de Rosendo Ruiz y a esta altura corroboro que se trata de un muy buen director. Desde propuestas heterogéneas (aun no vi sus “documentales-talleres”), jugando con el tiempo y el espacio, manifestando su interés por retratar estratos sociales de Córdoba, las tres, cada una a su manera, conforman un corpus temático y formal difícil de encontrar en el cine argentino.

Se trate del desparpajo festivo de De caravana hasta la fusión entre el documental y la ficción en Tres D, ahora en Casa propia se presenta una historia con un marcado punto de vista, un personaje complejo (un actor notable y también coguionista del film: Gustavo Almada) y una narración que reúne situaciones que coquetean con el naturalismo de forma astuta para no caer en lugares comunes y redundancias varias

El centro del relato es un profesor de literatura cerca de los 40, con novia, con pareja y de vez en cuando de visita a un prostíbulo, con madre débil en salud, con un amigo que parece triunfar en aquello que el personaje parece “empantanado”. También con una hermana que delega responsabilidades familiares, Alejandro ocupa diversos espacios pero ninguno le pertenece o, en todo caso, no termina de convertirse en protagonista de algo que no todavía no le corresponde.

Por eso busca su casa propia, visitando departamentos, oteando el paisaje interior y exterior, recordando hasta dónde llega su dinero. En ese fluir de lo privado compartido a lo privado como deseo extremo, Casa propia entra y se aleja del peligroso naturalismo a través del uso del plano secuencia, pero también, recurriendo a esos tiempos muertos tan adictivos en el nuevo (ya viejo) cine argentino pero que acá funcionan a la perfección.

Ruiz desnuda a su personaje, protege a su criatura de ficción pero no le da categoría de héroe. Estimula sus virtudes pero no esconde los defectos. Lo hace hablar solo cuando la trama requiere como centro operativo del relato, rodeado de personajes secundarios, periféricos a una historia donde Alejandro es dueño y señor, salvo de su espacio propio.

Y allí va a la búsqueda de esa pequeña porción de felicidad que la película resuelve con ese movimiento de cámara de tonalidades ambiguas, donde el cuerpo no está pero la subjetiva dice acá estoy.

CASA PROPIA
Casa propia. Argentina, 2018.
Dirección: Rosendo Ruiz. Guión: Rosendo Ruiz y Gustavo Almada. Fotografía: Pablo González Galetto. Música: 440 estudio. Edición: Rosendo Ruiz y Ramiro Sonzini. Sonido: Atilio Sánchez. Dirección de arte: Carolina Bravo y Julia Pesce. Int{erpretes: Gustavo Almada, Irene Gonnet, Maura Sajeva, Mauro Alegret, Yohana Pereyra, Eugenia Leyes Humbert. Duración: 83 minutos.

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