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De las películas de terror con casas embrujadas/poseídas/habitadas por entidades hostiles que llegan de manera incansable y a veces cansadora a nuestras carteleras, cuesta encontrar rasgos que hagan la diferencia, algo que distinga en algo una de otra. El demonio quiere a tu hijoes el título local de Still-Born, cuya traducción más literal sería No nato o No nacido. A lo mejor esa traducción se descartó por temas de la coyuntura presente. Nunca se sabe, los misterios de la distribución y retitulación son insondables. En cualquier caso este film canadiense, opera prima de su director Brandon Christensen, no se escapa demasiado de lo esperable. Pero si bien no es original y su visión provoca una constante sensación de deja vu, el film es relativamente efectivo y no apela demasiado a los sobresaltos repentinos o los trucos más baratos a que las versiones en serie del género nos tienen acostumbrados, y eso es algo rescatable.

El film arranca con un parto fallido de mellizos. Fallido porque uno de los bebe se queda en el camino y el restante Adam (¿referencia bíblica?) llega finalmente al mundo como hijo único. El trauma es demasiado fuerte para la madre, Mary (Christie Burke) quien no soporta la pérdida y se niega incluso a desarmar la cuna destinada al no nato a pesar de los esfuerzos del padre, Jack (Jesse Moss), que insta a todo el tiempo a su esposa a que se rearme para poder atender al niño que sí consiguió llegar entero. Con el tiempo el bebé la va sacando del retraimiento pero entonces Mary empieza a experimentar la presencia amenazante de una entidad, una especie de fantasma o el espíritu de una bruja, que amenaza con llevarse al pequeño Adam con ella. Mary se desespera y trata de hacer lo posible por averiguar quién es y qué quiere esta entidad y contrarestarla. Sus esfuerzos y reclamos, dados sus antecedentes, son tomados como una muestra de desequilibrio y, en el mejor de los casos, depresión post parto.

Lo más interesante del film es la forma en que logra mantener a lo largo de casi todo el relato la ambigüedad acerca de si lo que está pasando está en la mente de la protagonista o es realmente una manifestación sobrenatural. Algo similar a lo que ocurría en The Babadook, uno de los film del género más logrados de los últimos años, aunque la resolución acá es más simple y expeditiva por no decir perezosa. Gran parte del asunto se sostiene en la angustia de Mary porque nadie le cree y en la falta de empatía que genera al principio porque uno no simpatiza con ella de movida y hasta compadece al pobre y paciente marido. A medida que el relato avanza y las cosas se empiezan a poner más difíciles, esos términos se van invirtiendo.

Por lo demás, la cosa se limita a reconocer el retorno de lo ya visto. Ya sea en la forma de citas explícitas como en el caso de una escena que remite a El resplandor como en el uso de recursos ya probados como los espíritus pelilargos y quebradizos del horror japonés o la proliferación de cámaras de seguridad hogareña como en Actividad paranormal.

El realizador intenta generar algunos sustos con pocos y sobrios FX y algunas atmósferas, cosa que a veces logra y a veces no. Mientras, la pareja protagónica sostiene de manera creíble. Lo que sí es un pecado es llamar a un histórico como Michael Ironside (Scanners,El vengador del futuro), a quien siempre da gusto ver aun en sus versiones más trash, para un papel tan breve como irrelevante.

EL DEMONIO QUIERE A TU HIJO
Still/Born. Canadá. 2017.
Dirección: Brandon Christensen. Intérpretes: Christie Burke, Jesse Moss, Rebecca Olson, Jenn Griffin, Sheila McCarthy, Michael Ironside. Guión: Brandon Christensen, Colin Minihan. Fotografía: Bradley Stuckel. Música: Blitz//Berlin. Edición: Brandon Christensen, Colin Minihan. Producción: Colin Minihan, Chris Ball, Kurtis David Harder. Diseño de Producción: Mike Kasper. Distribuye: Energía entusiasta. Duración: 87 minutos.

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