Compartir

Los árboles de cerezos o sakura en japonés son un símbolo de su cultura. Sólo florecen en primavera, y la vida de sus flores es demasiado corta. Por esa razón, el sakura representa la transitoriedad de la vida. En lo efímero de su florecer, hay renacimiento y se completa un ciclo vital. La directora japonesa, Naomi Kawase, reflexiona y contempla el poder de la naturaleza y su relación con el hombre para volcarlo a su nueva ficción, Una pastelería en Tokio (An, 2015). Al igual que en El Bosque del Luto (Mogari no mori, 2007) y Aguas tranquilas (Futatsume no mado, 2014), esa comunión se hace presente con gran poética visual.

Sentarō (Masatoshi Nagase), es un hombre de mediana edad, encargado de una pequeña pastelería en Tokio donde venden dorayakis (pastelitos rellenos de una salsa llamada “an”, nombre que da título original a la película). Coloca un cartel buscando empleada, y se presenta una anciana encantadora llamada Tokue (Kirin Kiki), que se ofrece a ayudarlo. Al principio él se niega, pero ella insiste. La mejor manera de convencerlo fue dejarle una muestra de cómo prepara esa salsa, de la que es especialista. Gracias a su receta secreta, el negocio prospera y el vínculo entre ellos se vuelve más cercano. Ese encuentro, los llevará a cambiar el sentido de sus vidas, como abordó también en Hotaru (2000).

Kawase explora en cada encuadre un vínculo sensorial entre la naturaleza (lo externo) y la belleza (interior) de los personajes, como guiados por la sabiduría del viento, de las hojas del cerezo moviéndose, y de los frutos de la tierra que luego cocinan. Ellos forman esos pequeños placeres cotidianos que hacen a la existencia. En ese fluir constante, los planos se acercan a la intimidad de esa pastelería donde ella le enseña a cocinar, con una paciencia infinita. Pero el tema va más allá y se profundiza. Los personajes, a los que se suma una joven clienta, aprenden a renacer en los actos diarios y a disfrutar de la transitoriedad que los atraviesa.

Premiada con la Espiga de Plata a la Mejor Dirección en el Semana del Cine Internacional de Valladolid y seleccionada para inaugurar la sección “Un Certain regard” del Festival de Cannes, Una pastelería en Tokio, basada en la novela de Durian Sukegawa, reafirma a Naomi Kawase, nacida en los suburbios de Nara donde aprendió a observar la realidad, como una de las grandes realizadoras del cine japonés actual.

Si bien el cine oriental se ha caracterizado por tener un carácter presentacional sobre los hechos que muestra a través de diversas estilizaciones, la realizadora se acerca a un cine más realista, como demostró en sus inicios en el documental, para resignifica las tradiciones de la cultura japonesa en relación a un presente más occidentalizado. Esa identidad en vez de mostrarla, se va construyendo como la receta que prepara Tokue.

Con una narrativa impresionista, la delicadeza de la cámara acerca lo físico con lo emocional llevando al espectador a un clima nostálgico e íntimo, pero no menos esperanzador y metafórico.

UNA PASTELERIA EN TOKIO
AN. Japón/Francia/Alemania. 2015.
Dirección: Naomi Kawase Guion: Naomi Kawase Producción: Koichiro Fukushima, Thanassis Karathanos, Yoshito Oyama, Masa Sawada Fotografía: Shigeki Akiyama Música: David Hadjadj Reparto: Masatoshi Nagase, Kirin Kiki, Miyoko Asada, Etsuko Ichihara, Miki Mizuno, Kyara Uchida.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here