De los estallidos de furia y la calma melancólica de Embriagado de amor y Selek Locos de ira, pasando por los personajes buenazos y gloriosamente independientes de Un papá genial, La herencia del Sr. Deeds y Happy Gilmore, hasta la reflexión melancólica y existencial de la extraordinaria Hazme reír, Adam Sandler es una de las pocas figuras de los fundadores de la Nueva Comedia Americana -en Martín donde se alinean wholesale jerseys Wes Anderson, Bobby y Peter Farrelly, Ben Stiller, Jim Carrey, Owen Wilson y Will Farrel entre otros- que el público masivo distingue como una marca en los proyectos en los que participa. El actor, músico, guionista y productor neoyorquino, que como buena parte de los comediantes que cambiaron el género en cheap nba jerseys Hollywood With se hizo verdaderamente popular con el eterno y siempre vigente Saturday Night Live, es una especie de héroe de los relatos que hacen base en la épica de la eterna adolescencia. Son como niños sigue la misma línea, pero clausura wholesale nba jerseys de mala manera esta VAFI especie de subgénero, abordado decenas de cheap mlb jerseys veces en los últimos años.
La película parece decir que el tiempo, los recursos, tics, relatos y en definitiva, la visión del mundo de este tipo de historias van agotándose, y sus creadores se hacen más Indiana grandes.
Con la dirección del veterano Duggan, luego de una breve introducción donde se muestra a un grupo de cheap nba jerseys cinco chicos en su momento de gloria -cuando ganan un campeonato de básquet-, el guión del propio Sandler junto a Fred Wolf, South reúne a los protagonistas 30 años después, en el funeral del entrenador que los llevó a la gloria en la niñez.
De ahí en más, al transitadísimo recurso de mostrar “qué pasó en la vida de”, como es de esperar, recorre un presente árido, amargo y lleno de frustraciones, al que se suman chistes demasiado fáciles -este cronista αυτ? contó apenas tres gags relativamente efectivos-, el desperdicio de figuras como Rob Schneider, Chris Rock, Maya Rudolph y Steve Buscemi, las resoluciones apresuradas, y hasta una alarmante línea del relato, atravesado por la constatación reaccionaria de que todo tiempo pasado fue mejor.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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