Junto al legado de la obra de Ingmar Bergman, los libros y las series del inspector Kurt Wallander (del escritor Henning Mankell), y por qué no, los automóviles Volvo, la saga de Millennium es uno de los productos de exportación más exitosos de Suecia de los últimos años.
La trilogía creada por el periodista y escritor Stieg Larsson dio su primer paso en el cine el año pasado con Los hombres que no amaban a las mujeres, y tenía a su favor la sorpresa del arranque,  donde los crímenes violentos, el sexo más o menos audaz y la presentación de un abanico de personajes atractivos, principalmente la investigadora Lisbeth Salander y el periodista Mikael Blomkvist, sentaban las bases de la saga.
En Millennium 2 la atención se centra en Lisbeth Salander: rebelde, adicta a los tatuajes y a los piercing, bisexual y eficaz investigadora, que se ve involucrada en el asesinato de dos periodistas de la revista Millennium, que están a punto de publicar una nota sobre la red de prostitución en el país. Mientras que trata de demostrar su inocencia, Lisbeth va revelando el complejo entramado de poder que participa en el negocio y sobre todo, a encontrar al culpable de la muerte de su madre.
Perdida la sorpresa del comienzo de la saga, la película parte del supuesto de que buena parte de los espectadores está familiarizado con la serie de libros y así, ese aparente anclaje, deja al relato con bastantes agujeros en la narración.
Sin embargo Millennium 2 tiene sus atractivos. Aunque el cálculo y los golpes de efecto se hagan evidentes, el relato es atrapante, principalmente por su protagonista, una especie de ángel vengador oscuro y sufriente, que a pesar del reguero de cadáveres que deja a su paso, se mantiene como un personaje noble hasta el fin.
Lo cierto es que en un punto, la saga de Millennium -como la del inspector Wallander- tiene la convicción de que la opulenta sociedad sueca también alberga un “lado B” bastante terrible. Entonces, por una parte se regodea con las excursiones antropológicas a esa parte oculta del país, y por otra explota con inteligencia el fenómeno, que vía literatura masiva y cine de factura correcta, resulta irresistible para el resto del mundo.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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