Hay quien dice que existen personas que tuvieron una idea original y con eso les bastó para subsistir -por cierto, algunos mucho más que eso- por el resto de su vida. Al menos públicamente, el director español Rodrigo Cortés tuvo la suya con Enterrado, una película que parte de una idea simple y devastadoramente efectiva: un hombre está encerrado en un ataúd, cuenta con un teléfono celular con poca batería como único contacto con el exterior y escasos 90 minutos para lograr que lo rescaten.
En 1944, Alfred Hitchcock exploró las posibilidades cinematográficas de una historia que transcurría íntegramente en un bote en alta mar con 8 a la deriva y, 40 años después el director suizo Carl Schenkel hacía lo propio con Vacío, en donde cuatro personajes quedaban encerrados en un ascensor.
La astucia del guión, pensado al milímetro por Chris Sparling, lleva las posibilidades de la propuesta al límite -en cuanto a las restricciones autoimpuestas también podría citarse Las cinco obstrucciones, uno de los tantos experimentos de Lars von Trier-, con un relato inteligente que renuncia a toda posibilidad de salir de la caja, se hace fuerte con los escasos materiales de un universo reducidísmo y acierta cuando decide filmar en tiempo real para trasladar la angustia del protagonista al espectador. Es decir, Enterrado, según consta en la repercusión que alcanzó en varios festivales internacionales, tiene una puesta que busca y consigue el reconocimiento por la hazaña técnica.
Sin embargo, hay que decir que a medida que pasan los minutos el resto de los elementos narrativos se desarrolla dentro de los parámetros de un thriller que toma otros factores para que la película funcione.
Así, Paul Conroy (Ryan Reynolds) es un camionero contratado por el conglomerado de empresas que participa en la “reconstrucción” de Irak y los secuestradores son “insurgentes” que someten a la víctima a la tortura del encierro en represalia al sufrimiento de su pueblo, aunque, en definitiva, lo que buscan son los millones del rescate. El cálculo en la narrativa, apoyada en elementos de la actualidad, hace que el film pierda algo de la fuerza del principio, aunque la claustrofobia y el tour-de-force se mantienen hasta el final y confirmen que Enterrado es una muy buena idea.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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