Dónde van los espías cuando se retiran? La pregunta bien pudo ser el comienzo de RED, sin embargo, más allá del guión de Jon Hoeber y Eric Hoeber, el origen hay que rastrearlo en la novela gráfica de DC Comics, escrita por Warren Ellis y dibujada por el artista Cully Hammer, una obra de culto que trasladada al cine parece haber sido hecha para los protagonistas.
Porque el principal atractivo de RED, cuya sigla significa Retirado Extremadamente Peligroso (Retired Extremely Dangerous), es el dream team de actores de diversas procedencias, estilos y edades, que hacen lo suyo para que la película sea una deliciosa comedia nostálgica de acción.
Desde Bruce Willis como Frank Moses, un ex agente solitario que, mientras reclama su cheque como jubilado de la CIA, intenta conquistar a Sarah Ross (Mary Louise Parker), una aburrida operadora del fondo de pensión que sueña con una vida de aventuras. O Morgan Freeman que encarna a Joe Matheson, también retirado en un asilo de ancianos, pasando por John Malkovich, absolutamente pasado de rosca como el paranoico Marvin Boggs, y Victoria a cargo de Helen Mirren, feroz asesina que pasa sus días cuidando de sus flores.
Todos ellos como ex agentes de la CIA -casi como Los indestructibles, pero muchísimo menos solemne- en su mayoría dejados de lado por el fin de la Guerra Fría, pero que se ven en peligro por la conspiración más grande en la historia de los Estados Unidos y que de yapa, involucra nada menos que al vicepresidente.
Y ahí van los viejitos piolas, luchando por su vida en distintos estados de la Unión, llegando al nudo del asunto, eliminando adversarios, reencontrándose (hasta se dieron el gusto de convocar a Ernest Borgnine) con antiguos adversarios como el agente ruso Ivan Simonov (Brian Cox), un romántico que ayuda a la causa sólo por amor a Victoria.
Sin lugar a dudas, el mayor acierto de RED es el tono juguetón que logra imprimirle al relato Robert Schwentke, una puesta que permite que se luzcan cada uno de los protagonistas, desde el característico tono cansino y de estar de vuelta de todo del gran Bruce, o Louise Parker, que en el medio de la camaradería de los ex agentes acierta con un personaje que está fascinado con un mundo que sólo leyó en novelitas baratas, pasando por el tradicional papel de viejo sabio de Freeman, el toque freak de Malkovich, y la distinción de Mirren, apenas alterada cuando dispara enormes fusiles automáticos.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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