Silvio Soldini es uno de los pocos directores italianos contemporáneos que hicieron pie y lograron presencia en las salas argentinas. De él se conocieron Pan y tulipanes (2000) y Sonrisas y lágrimas (2007). A juzgar por estos dos films, Soldini es una suerte de cronista de la clase media y sus frustraciones, que el estreno de Cosa voglio di piú, viene a confirmar.
Anna (Alba Rohrwacher) tiene un buen empleo, en el que está bien considerada, un buen pasar económico, un marido comprensivo y simpático, y una familia en la que participa como miembro activo. Todo pinta aparentemente bien, pero lo cierto es que su empleo es bastante aburrido, su marido es un gordo bonachón con el que hace rato no hay pasión, en fin, se estancó en una monotonía de la que no la salvan ni las clases de pintura que parece haber tomado como salida creativa. Es en este panorama que conoce a Domenico (Pierfrancesco Favino) y su vida dará un vuelco, reencontrándose con la pasión perdida.
Entre ambos surgirá un amor clandestino (Domenico también está casado y además tiene dos hijos) pero, incapaces de abandonar a sus parejas y seguir adelante juntos, sólo tendrán encuentros esporádicos en hoteles. Y claro, una relación de estas características, con sus pequeñas trampas, ocultamientos y mentiras, se hace difícil de mantener.
Soldini condensa aquí dos de los intereses desplegados en sus películas previas: las parejas en crisis (como en Sonrisas y lágrimas) y el agobio de una existencia gris (como en Pan y tulipanes), y sigue demostrando que es un buen cronista de la vida ordinaria. La descripción de la cotidianidad de los protagonistas es minuciosa y creíble, como lo es también el retrato de los personajes. El título, Cosa voglio di piú (cuya traducción sería Qué quiero más) hace alusión a esos deseos y proyectos que los protagonistas anhelan pero no se animan a concretar y sólo abordan a medias.
El relato mantiene el interés durante la primera mitad, pero luego se estanca, estirándose como la indecisión de los protagonistas y volviéndose repetitivo como sus estrategias. Se nota que Soldini conoce el objeto que describe, pero ha mostrado mejor puntería en ocasiones anteriores. El film cae en una trampa frecuente que es la de ser víctima de la misma monotonía que pretende retratar.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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