Hace diez años muchos dijeron que el inolvidable Pappo había puesto las cosas en su lugar cuando en el programa Sábado Bus, desde la pantalla de Telefé, el músico lanzó una frase que hizo historia: “Conseguite un trabajo honesto, vos tocás lo que otro grabó.” El destinatario de la ponzoñosa frase fue DJ Deró, que en ese momento era la cara visible de la incipiente escena dance argentina. Lo cierto es que más allá de las batallas de cabotaje y las inútiles polémicas sobre si se puede hacer música con discos de otros, samplers, laptops y un par de bandejas, con el paso del tiempo hoy casi nadie se le ocurriría afirmar que los dj’s no “tocan”, es más, casi sin discusión son considerados los artistas que han sabido captar el sonido de este tiempo.
A partir de esta canonización relativamente nueva, los compositores que trabajan con música electrónica están al mismo nivel que cualquier músico de rock tradicional y, se supone, viven las glorias y las miserias de la fama y el descontrol.
Sobre esta acertada hipótesis trabaja Berlin Calling, un film que refleja la vida de DJ Ickarus, un músico en el pico de su fama, lo cual lo lleva a presentarse en diferentes escenarios de toda Europa, mientras en la intimidad lucha contra sus demonios interiores y se sumerge en un trip de drogas que ponen en riesgo su trabajo y la relación con Mathilde, su novia y mánager.
Que el protagonista esté interpretado por Paul Kalkbrenner, un conocido artista alemán de música techno, minimal y house -estilos de la música electrónica-, le da al film de Hannes Stoehr (One Day in Europe, Berlin Is in Germany) un insuperable verosímil, y allí es donde el relato logra la mayor intensidad, principalmente cuando muestra el proceso creativo de Ickarus, las sutilezas entre los estilos, o cuando capta la increíble energía que se libera en boliches y raves multitudinarias.
Sin embargo, el resto de Berlín… no deja de ser muy parecida a decenas de títulos que hablan sobre el apogeo, caída, traumáticas internaciones, recaídas y la posible redención (o el reviente definitivo, otra de las posibilidades) de artistas superados por el ego, la exposición, la sensibilidad a flor de piel y una vida más o menos difícil. Las alas de Ickarus no llegan a quemarse y el film tampoco, aunque paradójicamente, sale un poco chamuscado por la falta de riesgo.

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