El aprendizaje de una chica que en poco tiempo tendrá que enfrentarse a una despiadada asesina y sus esbirros (ver el entrenamiento de La Novia en Kill Bill). O una adolescente que es criada en el rigor de la armas, sin pasado, pero con una misión que tiene que ver con la venganza por su difícil presente (ver toda la saga de Bourne). Y también, una joven que mira a su padre-mentor y aprende, se prepara, porque además de saber que pronto va a dejar la seguridad del bosque helado para encontrarse con un mundo hostil, también intuye que ese paso se convertirá en el fin de su niñez (leer cualquier cuento de la obra de los hermanos Grimm).
Las referencias son múltiples y se van entrelazando a medida que el relato sobre una niña de apenas 14 años, Hanna (Saoirse Ronan), se convierte en una máquina de matar en la fría Finlandia, para que cuando esté preparada, cuando ella sienta que es el momento, encuentre la manera de terminar con Marissa (la fantástica Cate Blanchett), responsable de muchas cosas, entre otras, de haberla convertido en una monstruosidad diseñada para convertirse en una asesina.
El thriller, dirigido por Joe Wright (El solista; Orgullo y prejuicio), sin duda demuestra que al resignificar diferentes películas del género las honra con una puesta electrizante, siempre entretenida. Pero también, el director británico va un paso más allá, complejizando el relato con una puesta oscura y ciertamente imprevisible, donde además del origen incierto de Hanna, las postas que determinaron su presente y la venganza en progreso, lo alejan de la relación obvia de compararla con la serie Nikita.
A todo esto hay que sumarle la tensa relación del personaje con su padre Erik (Eric Bana), en donde la camaradería, el rigor, más la expectativa por lo que se viene, conforman una trama tensa y amorosa sobre la responsabilidad de los padres y la presión sobre los hijos para estar a la altura de las expectativas. Y sí, un poco como Sarah Connor con su hijo John en Terminator.
Hanna tiene algunos descuidos en cuanto al guión, pero en conjunto, con sus personajes atormentados, su densidad y sobre todo su confianza en el género, es una buena película. Y si los productores no explotan el interrogante sobre qué pasará con la protagonista en la vida adulta, están locos.

Publicado originalmente en Tiempo Argentino

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