Larry Crowne parece responder a una pregunta de base: ¿de qué está hecho el estadounidense promedio? La respuesta que ofrece Tom Hanks es que de sueños moderados, valentía, carácter y perseverancia, elementos que aparentemente subsisten en la sociedad que le toca vivir, aun en tiempos de crisis económica y falta de solidaridad.
En 1996 Hanks estrenaba como director ¡Eso que tú haces!, un delicioso relato sobre una banda que no lograba mantenerse unida y desaparecía después de conocer fugazmente el éxito. Desde esos años a la fecha la visión del actor y director parece que no cambió y si estos valores estaban mal encaminados en el grupito que quiso pero no pudo de su ópera prima, puesto a encarar su segundo trabajo como realizador, Hanks tomó nota del desastre socioeconómico que lo rodeaba y se decidió a dar cuenta de ello, pero con la misma convicción de que ninguna dificultad es insuperable si se rescata el espíritu que hizo grande a su país.
Desde ese lugar cuenta la vida de Larry Crowne, un entusiasta trabajador en un supermercado que súbitamente se queda sin trabajo porque carece de un título universitario. Y claro, este hombre común representa a los millones que se quedaron fuera del sistema en los últimos años. Pero Hanks como director -y coguionista junto a Mia Vardalos, la de El gran casamiento griego- no está dispuesto a dejarlo caer así nomás, entonces el buenote y un tanto crédulo de Larry va en busca de lo que le falta: la educación universitaria con la que seguramente saldrá adelante.
En este camino de reconversión, el protagonista se asoma a un mundo que desconoce. En la universidad descubre los placeres del saber, también que un curso de oratoria a cargo de una agria profesora (Julia Roberts) -moderadamente alcohólica, desmotivada en su trabajo y con un matrimonio destruido- puede cambiarle la vida, y que en un grupo de estudiantes neohedonistas y en especial una de las chicas que lo toma como su proyecto personal para cambiarlo, actualizarlo, están las reservas morales y solidarias que hacen falta para que todo mejore y vuelvan los buenos y viejos tiempos.
Larry Crown es sorprendentemente conservadora, incluso para los estándares de la industria hollywoodense, en tanto abona la idea de que nada es demasiado grave si el hombre común toma el destino en sus propias manos, sin tener en cuenta que hay factores más poderosos y ciertamente definitorios del rumbo de una sociedad, que el carácter firme y la voluntad de superarse de un individuo.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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