El western es el único género cinematográfico original que no debe su existencia a otras disciplinas, sino que nació en el cine mismo. Ahora bien, con el correr del tiempo, el western recorrió un largo camino, desde los western clásicos con su carga épica intacta, pasando por los proyectos de menos presupuesto de los western spaghetti, el western revisionista que campeó los ’60, hasta los western crepusculares que abundaban en el fin de una época. Después, el género fue esquivando como pudo el certificado de defunción, adaptándose en relatos contemporáneos que mantenían sus códigos. De esta manera se llega a Cowboys & Aliens, una película extraña, algo así como el paroxismo de la supervivencia del género, al combinar el viejo y transitadísimo Oeste con la ciencia ficción más pura, en un híbrido extraído del cómic homónimo de Scott Mitchell Rosenberg.
En principio Jon Favreau, el director de Iron Man (más la producción de Steven Spielberg y Ron Howard) plantea el film con todos los tips del western: un pueblo olvidado donde la ley está supeditada a un poderoso terrateniente, un antihéroe con un pasado oscuro, más el oro, como elemento que corrompe todo. Y es el metal precioso el que introduce a los alienígenas, que para ellos es tan preciado como para los primitivos humanos.
Así, Jake Lonergan (Daniel Craig) se despierta en el medio del desierto y un extraño aparato futurista en su muñeca, sin recordar nada, ni siquiera su nombre. El protagonista irá reconstruyendo su historia, sabrá que fue abducido por los extraterrestres, se enfrentará con el viejo, poderoso y  pragmático Woodrow Dolarhyde (Harrison Ford), con el que unirá fuerzas -después se les sumarán los apaches- para enfrentar a los invasores. Porque es así, en el polvoriento Oeste de fines del siglo XIX se juega nada menos que el futuro de la humanidad.
Sin abundar en los efectos especiales, con referencias a Los expedientes X, Alien, La Guerra de los mundos y un impensado Craig en plan John Wayne, Cowboys & Aliens es una gran producción que en definitiva mantiene el espíritu de lo que cualquier chico hizo, cuando en una tarde enfrentó en una batalla feroz a un cowboy destartalado de juguete con un bicho espacial de plástico.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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