La amenaza que significó para el mundo entre 2009 y 2010 el virus H1N1 o gripe porcina, es el punto de arranque de Contagio, que recorre 135 días de una pandemia global de origen desconocido que con un avance progresivo y aparentemente incontenible, cobra la vida de millones de personas.
Steven Soderbergh se aleja del habitual tratamiento apocalíptico del género y si bien muestra desde el comienzo los efectos devastadores de la enfermedad, la película se desenvuelve dentro de la estructura del thriller, desde lo particular a lo general, con un villano silencioso y letal que es virus, y en primera instancia, los protagonistas, todos, que tratan de sobrevivir mientras el mundo se desmorona.
El relato coral y un elenco de estrellas son los elementos básicos de la apuesta de Soderbergh -un procedimiento que remite a Traffic y en menor medida a la saga de La gran estafa-, que ubica en el centro de la historia a un matrimonio con problemas (Matt Damon y Gwyneth Paltrow), dos médicas epidemiólogas (Kate Winslet y Marion Cotillard), un científico a cargo de la investigación del virus (Laurence Fishburne) y un blogger paranoico y oportunista (Jude Law). Este corto abanico de personajes, todos y cada uno aterrorizados por el contagio, con sus conflictos personales y su red de afectos en peligro, le bastan al director para conformar un bosquejo de la naturaleza humana ante el peligro global.
Mientras que se van sumando días y víctimas por millones del enemigo desconocido, el film muestra las luchas burocráticas y de poder en los centros de decisión, como la Organización Mundial de la Salud y las fuerzas de seguridad, asiste al derrumbe de una familia en la que se revela un secreto, explicita la ambición a prueba de catástrofes de un personaje que ve en la tragedia una oportunidad única y, al fin, rescata el sacrificio de algunos profesionales que no perdieron el norte.
El mosaico moral que va construyendo la película, a través de un timming tenso y seco, prescinde de los juicios de valor ante sus criaturas, por el contrario, asiste casi de manera aséptica ante el desarrollo de la historia, dando por sentado que los personajes creados por y para el relato tienen su propia autonomía y de esa manera dan lo mejor y lo peor de sí ante una situación límite, en una película que bajo el caparazón del género catástrofe, encierra una complejidad poco frecuente.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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