Desde el vértigo del ingreso a un baile animado por La Mona Jiménez hasta una fiesta en un country de la ciudad de Córdoba, en ese amplísimo arco, o mejor dicho: en ese territorio de nadie delimitado por lo popular y la energía del cuarteto como elemento aglutinante y las clases altas con sus rituales cosmopolitas, se desarrolla De caravana, que desde el primer instante invita a conocer un universo ajeno y, como todo gran film, ofrece una visión del mundo.
Filmada íntegramente en Córdoba, la ópera prima de Rosendo Ruiz da su versión de la noche de la provincia a partir del choque y la posterior convivencia de dos universos aparentemente irreconciliables, pero fascinados mutuamente: por un lado Juan Cruz, un muchacho de clase media alta enviado a sacar fotos a un baile para el nuevo disco de La Mona, por el otro, Sara, una inquietante chica que se debate entre el lumpenaje y el origen humilde que la condiciona y un futuro más convencional como peluquera.
Juan Cruz pronto se ve inmerso en una realidad desconocida donde conviven traficantes, policías afectos a la reflexión filosófica, un novio enloquecido por los celos (que entre otros delirios planea pasar al frente secuestrando al ícono provincial), la feroz división de clases y hasta un lenguaje diferente, mientras crece, incluso a su pesar, la fascinación por Sara.
Con una vitalidad infrecuente en el cine nacional que se impone sobre ciertos estereotipos del relato, De caravana utiliza el humor como un fino estilete que se hunde en el cuerpo sociológico de la región y mientras desarrolla su trama policial, elabora a través de sus personajes -bien perfilados, cada uno con su momento de gloria- el complejo y desopilante mosaico de un “interior” definitivamente ausente en la cinematografía local.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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