Abordar la figura de Estela de Carlotto, por lo que significa su lucha por los Derechos Humanos al frente de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, sin ninguna duda no es una tarea sencilla. Carlotto representa a miles de personas que fueron obligadas a cambiar su vida a partir de la pérdida de uno o varios seres queridos asesinados por el terrorismo de Estado de la última dictadura y aun así, en medio de la tragedia, siguieron luchando para que se haga justicia y para recuperar la identidad de decenas de chicos apropiados por la represión.
Ahora bien, Nicolás Gil Lavedra podría haber optado por el camino de la biopic para plasmar en pantalla la vida de Estela de Carlotto y hasta darle un tono épico al relato. Sin embargo, el realizador decidió contar una vida a partir de los momentos íntimos de una familia de clase media, y en particular, de la que sería la presidenta de las Abuelas pero que en los años ’70 era una simple docente y ama de casa de la ciudad de La Plata, para nada comprometida con el explosivo clima político de la época, que sufre el secuestro de Laura y que por testimonios de algunas compañeras de cautiverio de su hija se entera que estaba embarazada, una noticia que después fue corroborada por el en ese entonces novedoso análisis de ADN .
Con una reconstrucción de época que logra captar usos, costumbre y sobre todo el clima de esos años, la película va avanzando sobre la historia familiar, que resume la de tantas, con pinceladas de reuniones festivas, la militancia de Laura (Inés Efron), el pase a la clandestinidad y, luego, la búsqueda desesperada de Estela (extraordinaria Susú Pecoraro) en las siniestras oficinas del Comando en Jefe del Ejército, el derrumbe psicológico de su esposo Guido (Alejandro Awada), la recorrida por la Casa Cuna para encontrar a su nieto, los pasillos de Tribunales, las reuniones con otros familiares, las primeras rondas en Plaza de Mayo y la descarnada noticia del asesinato de la joven.
Con inteligencia y sensibilidad, el film aborda entonces la tarea de Estela desde la asociación para recuperar a todos los nietos desaparecidos, dejando en claro que tragedia personal sólo es tolerable desde la lucha colectiva.
Para el final, Verdades Verdaderas reserva un momento luminoso, donde la causa de las Abuelas adquiere sentido, con nombres, apellidos y rostros sonrientes y claro, la propia Estela de Carlotto en pantalla, testimonio viviente de que la búsqueda continúa.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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