Ante el estreno de Año nuevo, cualquier espectador al que todavía le interese quién es el que está a cargo del asunto va a notar que se trata de Garry Marshall y como la memoria es selectiva y a veces complaciente, se puede remontar a títulos del director que le pueden haber hecho pasar buenos momentos como Frankie y Johnny (1991) y Mujer bonita (1990), es posible que pueda incluir en el combo a Novia fugitiva (1999) y hasta  es probable que en algunos casos lo ubiquen como el responsable de episodios decisivos de exitosas series de los ’70 y ’80  como Laverne y Shirley, Mork y Mindy, Los días felices y Extraña pareja.
Ahora bien, también es cierto que ese hipotético espectador dispuesto a sopesar la posibilidad de pagar una entrada para ver Año nuevo apenas pueda hacer gala de una modesta a memoria a corto plazo y recordar que Marshall es el realizador de El diario de la princesa y El diario de la princesa 2, las películas que si bien lanzaron a Anne Hathaway a las grandes ligas, eran bastante modestas. Pero el problema serio se presenta cuando aparece en el repaso Día de los enamorados, estrenada apenas hace un año y que para muchos significó el adiós definitivo para cualquier film dirigido por el director neoyorkino.
Y es que el fallido relato coral de Días de los enamorados se repite, corregido, aumentado y de manera alarmante en Año nuevo, con un elenco rutilante que no se entiende por qué se prestó para esta especie de parte ll del anterior opus de Marshall, que aquí van desde los clichés más clichés que cualquiera pueda imaginar, pasando por un patriotismo berreta y momentos intolerablemente cursis, en un compendio abigarrado y pretensioso ubicado en las vísperas de la llegada de 2012 en Nueva York.
Así, dentro de la complaciente mirada de las segundas oportunidades, una de las marcas de fábrica del director, pasan por la pantalla problemas familiares, temas cruciales como la soledad en las grandes urbes, el siempre escurridizo amor y la muerte, claro, que sumadas a varias, muchas frases trascendentes, autoconocimiento, redenciones varias y momentos protagonizados por un congestionamiento de almitas atormentadas, hacen de Año nuevo un film difícil de digerir -aun con el esforzado trabajo que hace el elenco, impotente ante un guión flojísimo-, con una mirada del cine, del mundo en definitiva, que atrasa varias décadas.

Publicada originalmente en Tiempo Argentino

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